UN MOMENTO CON DIOS
El Peligro de un Corazón
Cansado
Números 20. 1 - 13
El capítulo 20 de Números marca un punto de inflexión doloroso en la vida de Moisés. Después de décadas de liderazgo abnegado, paciencia extrema y mediación por un pueblo rebelde, el hombre "más manso de la tierra" comete un error que le costaría la entrada a la Tierra Prometida.
El escenario no era el mejor,
falta agua, el pueblo tenía sed y, como era costumbre, recurrían a la queja y
la confrontación. Pero esta vez hay un peso adicional, María, la hermana de
Moisés, acababa de morir. Moisés estaba en duelo, físicamente agotado y
emocionalmente vulnerable.
A veces, las mayores pruebas
no llegan cuando estamos fuertes, sino cuando estamos desgastados. Es en el
cansancio donde nuestra guardia baja y las reacciones humanas suelen eclipsar
la obediencia divina.
Dios le dio a Moisés una
instrucción específica: "Toma la vara... y hablad a la peña a vista de
ellos; y ella dará su agua".
En una ocasión anterior (Éxodo
17), Dios le había pedido que golpeara la roca. Pero ahora, la instrucción era
distinta. Sin embargo, Moisés, airado por la rebeldía del pueblo, gritó:
"¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?",
y acto seguido, golpeó la peña dos veces.
El error de Moisés fue triple:
Desobediencia: Golpeó en lugar
de hablar.
Orgullo: Se incluyó en el
milagro ("¿Os hemos de hacer salir...?"), quitándole la gloria a
Dios.
Ira: Actuó desde su emoción y
no desde la paz de Dios.
Lo más impactante es que el
agua salió. Dios, en Su misericordia por el pueblo sediento, hizo el milagro a
pesar del pecado del líder. Pero el éxito externo no significó aprobación
interna.
Dios le dijo a Moisés:
"Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de
Israel...". No entraría a Canaán. Parece un castigo severo para alguien
que fue fiel tanto tiempo, pero nos enseña que a quien mucho se le da, mucho se
le exige. La santidad de Dios es innegociable.
Cuidado con el "yo",
cuando las cosas salen bien en nuestro servicio a Dios, es fácil empezar a
pensar que es por nuestra capacidad. El momento en que dejamos de santificar a
Dios para exaltarnos a nosotros mismos es el momento en que perdemos el rumbo.
El cansancio no justifica el
pecado. Estar agotado es humano, pero usar ese agotamiento como licencia para
desobedecer es peligroso. Necesitamos aprender a descansar en Dios para no
reaccionar en la carne.
La obediencia debe ser
completa a medias no es obediencia. Dios quería que Moisés hablara a la roca. A
veces queremos hacer las cosas "a nuestra manera" porque ya nos
funcionaron antes, pero Dios pide una dependencia fresca cada día.
Dios les bendiga
abundantemente.

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