jueves, 26 de febrero de 2026

Un momento... El lugar de refugio

 


UN MOMENTO CON DIOS

El lugar de refugio

 

En un mundo antiguo donde la "venganza de sangre" era la norma, Dios establece un sistema de justicia que equilibra la santidad de la vida con la necesidad de la misericordia.

Dios ordenó apartar seis ciudades tres a cada lado del Jordán para que aquel que diera muerte a alguien de forma accidental pudiera huir y salvar su vida. Estas ciudades no eran escondites para criminales, sino espacios de protección mientras se determinaba la verdad en un juicio justo.

La vida es frágil y a menudo nos vemos envueltos en situaciones que nos superan o consecuencias de errores involuntarios. Dios se revela aquí como nuestro Pronto Auxilio. Él no desea nuestra destrucción por causa del error, sino que provee un lugar donde nuestra causa pueda ser escuchada.

Las ciudades de refugio debían estar distribuidas estratégicamente para que cualquier persona (israelita o extranjero) pudiera llegar a ellas rápidamente. La tradición judía cuenta que los caminos hacia estas ciudades debían estar siempre limpios de obstáculos y con señales claras que dijeran: "¡Refugio, Refugio!".

 Dios no pone "letras pequeñas" ni obstáculos para que nos acerquemos a Su misericordia. El camino hacia la gracia está señalizado por la Cruz. Al igual que el homicida involuntario, no tenemos que recorrer distancias imposibles; el refugio está al alcance de un paso de fe.

Hay un detalle teológico profundo en el versículo 28: el refugiado debía permanecer en la ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote. Solo después de ese evento, quedaba libre de toda culpa y podía regresar a su hogar sin temor a ser atacado. Su libertad no se compraba con dinero, sino que estaba ligada a la vida del mediador.

Este es un tipo directo de Jesucristo. Nosotros, culpables ante la ley de Dios, hemos corrido a refugiarnos en Él. Sin embargo, nuestra libertad total no vino por nuestras buenas obras, sino por la muerte de nuestro Gran Sumo Sacerdote. Su muerte pagó nuestra deuda y nos permitió "regresar a nuestra herencia" sin temor a la condenación.

Las ciudades de refugio nos enseñan tres verdades vitales sobre el carácter de Dios:

Justicia perfecta: Dios no ignora el pecado (la sangre contamina la tierra), pero distingue la intención del corazón.

Misericordia preventiva: Dios se anticipa a nuestra necesidad de protección antes de que el "vengador" nos alcance.

Seguridad absoluta: Mientras el refugiado permaneciera dentro de los límites de la ciudad, estaba a salvo. Fuera de Cristo, estamos expuestos; en Él, estamos seguros.

El Salmo 46. 1 dice que "Dios es nuestro amparo y fortaleza". No intentemos pelear nuestras batallas solos ni huyamos hacia el mundo; corramos hacia la Ciudad de Refugio que es Jesús. Allí, bajo Su autoridad y por Su sacrificio, somos verdaderamente libre. ¡El camino está abierto!

Dios les bendiga abundantemente.

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