UN MOMENTO CON DIOS
La Sabiduría de Escuchar y
Hacer
Deuteronomio 4. 1 - 9
El capítulo 4 de Deuteronomio marca un punto de inflexión. Moisés no solo está repasando la ley; está apelando al corazón de una generación que está a punto de entrar en su destino. En los primeros nueve versículos, la obediencia no se presenta como una carga pesada, sino como el secreto para una vida plena, sabia y conectada con lo divino.
Moisés comienza con una
instrucción directa: "Escucha... para que viváis". Aquí, la obediencia
es sinónimo de supervivencia y propósito. No se trata de cumplir reglas por
compromiso social, sino de entender que las instrucciones de Dios son el
"manual del fabricante".
Un punto crucial es la
advertencia de no añadir ni quitar nada a la Palabra (v. 2). Nuestra tendencia
humana es "editar" los mandamientos de Dios para que se ajusten a
nuestra comodidad o cultura. Sin embargo, la obediencia a medias es, en
esencia, desobediencia. Dios pide integridad porque Su diseño para nuestra vida
es perfecto tal como es.
Uno de los argumentos más
hermosos de Moisés es que la obediencia de Israel sería su mejor carta de
presentación ante el mundo. Al cumplir los estatutos, las naciones vecinas
dirían: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta".
Nuestra obediencia tiene un
impacto misionero. Cuando vivimos bajo los principios del Reino honestidad,
perdón, justicia y amor, nos volvemos un imán para quienes buscan sentido en un
mundo caótico.
La pregunta para nosotros hoy
es: ¿Nuestra forma de vivir hace que otros deseen conocer a nuestro Dios?
El pasaje cierra con una
advertencia vital: "Guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no
te olvides". La desobediencia rara vez ocurre por rebelión súbita; suele
comenzar con el descuido espiritual.
Moisés nos insta a dos
acciones para mantener viva la obediencia:
Vigilancia personal: Cuidar el
alma con diligencia para que las experiencias con Dios no se desvanezcan.
Debemos enseñar estas verdades
a hijos y nietos. La obediencia se fortalece cuando se comparte.
El versículo 7 nos recuerda el
motivo de nuestra obediencia: tenemos a un Dios que está "cercano a
nosotros en todo cuanto le pedimos". No obedecemos a un juez distante,
sino a un Padre que camina a nuestro lado.
La obediencia en Deuteronomio
4 no es un camino de restricciones, sino una senda de distinción y cercanía. Al
guardar Su Palabra, no solo aseguramos nuestro bienestar, sino que reflejamos
Su luz a un mundo que necesita desesperadamente ver Su sabiduría en acción.
Identifiquemos una
"pequeña" instrucción de Dios que hayamos estado posponiendo o
"editando". Comprometámonos a obedecer con integridad, confiando en
que Su diseño es para nuestro bien.
Dios les bendiga
abundantemente.

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