sábado, 28 de febrero de 2026

Un momento... La sabiduría de escuchar y hacer

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Sabiduría de Escuchar y Hacer

 

Deuteronomio 4. 1 - 9

 

El capítulo 4 de Deuteronomio marca un punto de inflexión. Moisés no solo está repasando la ley; está apelando al corazón de una generación que está a punto de entrar en su destino. En los primeros nueve versículos, la obediencia no se presenta como una carga pesada, sino como el secreto para una vida plena, sabia y conectada con lo divino.

Moisés comienza con una instrucción directa: "Escucha... para que viváis". Aquí, la obediencia es sinónimo de supervivencia y propósito. No se trata de cumplir reglas por compromiso social, sino de entender que las instrucciones de Dios son el "manual del fabricante".

Un punto crucial es la advertencia de no añadir ni quitar nada a la Palabra (v. 2). Nuestra tendencia humana es "editar" los mandamientos de Dios para que se ajusten a nuestra comodidad o cultura. Sin embargo, la obediencia a medias es, en esencia, desobediencia. Dios pide integridad porque Su diseño para nuestra vida es perfecto tal como es.

Uno de los argumentos más hermosos de Moisés es que la obediencia de Israel sería su mejor carta de presentación ante el mundo. Al cumplir los estatutos, las naciones vecinas dirían: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta".

Nuestra obediencia tiene un impacto misionero. Cuando vivimos bajo los principios del Reino honestidad, perdón, justicia y amor, nos volvemos un imán para quienes buscan sentido en un mundo caótico.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿Nuestra forma de vivir hace que otros deseen conocer a nuestro Dios?

El pasaje cierra con una advertencia vital: "Guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides". La desobediencia rara vez ocurre por rebelión súbita; suele comenzar con el descuido espiritual.

Moisés nos insta a dos acciones para mantener viva la obediencia:

Vigilancia personal: Cuidar el alma con diligencia para que las experiencias con Dios no se desvanezcan.

Debemos enseñar estas verdades a hijos y nietos. La obediencia se fortalece cuando se comparte.

El versículo 7 nos recuerda el motivo de nuestra obediencia: tenemos a un Dios que está "cercano a nosotros en todo cuanto le pedimos". No obedecemos a un juez distante, sino a un Padre que camina a nuestro lado.

La obediencia en Deuteronomio 4 no es un camino de restricciones, sino una senda de distinción y cercanía. Al guardar Su Palabra, no solo aseguramos nuestro bienestar, sino que reflejamos Su luz a un mundo que necesita desesperadamente ver Su sabiduría en acción.

Identifiquemos una "pequeña" instrucción de Dios que hayamos estado posponiendo o "editando". Comprometámonos a obedecer con integridad, confiando en que Su diseño es para nuestro bien.

Dios les bendiga abundantemente.

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