UN MOMENTO CON DIOS
Una entrega total
Deuteronomio 6. 4 - 9
El versículo 4 declara: "El Señor nuestro Dios, el Señor uno es". Antes de pedir nuestra entrega, Dios establece quién es Él. La entrega total comienza con la claridad mental: si Dios es el único, no hay lugar para lealtades compartidas. No podemos entregarnos a medias a quien lo es Todo. La "unidad" de Dios demanda la "unidad" de nuestro propósito.
El versículo 5 nos da la
medida de la entrega: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con
toda tu alma, y con todas tus fuerzas".
Corazón: Voluntad y
decisiones.
Alma: Emociones y aliento de
vida.
Fuerzas: Recursos, trabajo y
capacidades físicas.
Dios no busca empleados que
cumplan turnos, sino amantes que entreguen su ser. La entrega total es la
respuesta natural a un Dios que nos amó primero. Cuando el amor es el motor, la
obediencia deja de ser una carga y se convierte en un deleite.
La entrega total no ocurre en
el vacío; se cultiva en los detalles del día a día (versículos 7 - 9). Dios
instruye que Su palabra esté:
En la conversación: Al
caminar, al sentarse, al acostarse.
En la visión: Como una señal
entre los ojos (nuestra perspectiva).
En la acción: Atada a las
manos (lo que hacemos).
En el hogar: En los postes y
puertas (nuestra vida privada).
Esto nos enseña que la
espiritualidad real no se limita al templo. La entrega total se demuestra en
cómo tratas a tu familia, cómo manejas tus negocios y qué pensamientos permites
que dominen tu mente al descansar.
La entrega total es un
ejercicio de memoria contra la amnesia de la prosperidad. El capítulo 6
advierte que, cuando estemos saciados, corremos el riesgo de olvidar a Dios. La
comodidad es, irónicamente, el mayor enemigo de la rendición.

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