UN MOMENTO CON DIOS
De la Cueva al Campo de
Batalla
Jueces 6
Cuando el Ángel de Jehová se aparece, saluda a Gedeón con palabras que parecen una contradicción: "Jehová está contigo, varón esforzado y valiente". En ese momento, Gedeón no se sentía ni esforzado ni valiente; se sentía una víctima. Estaba escondido, empobrecido y lleno de dudas.
Aquí aprendemos que Dios no
nos llama por lo que somos en nuestra crisis, sino por lo que seremos bajo Su
unción. Nuestra verdadera identidad no está definida por nuestras
circunstancias actuales o por nuestros temores internos, sino por la presencia
de Dios en nosotros. Para Dios, Gedeón ya era un libertador, aunque todavía
tuviera las manos temblorosas.
La respuesta de Gedeón es un
reflejo de muchos de nosotros: "Ah, señor mío, si Jehová está con
nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?". Gedeón cuestiona el
silencio de Dios y se mira a sí mismo con desprecio, afirmando que su familia
es pobre y él es el menor.
Dios ignora sus excusas y
responde con una orden: "Ve con esta tu fuerza". ¿Cuál era su fuerza?
No eran sus músculos ni su linaje, sino la palabra que acababa de recibir. El
llamado de Dios no depende de nuestra capacidad, sino de nuestra
disponibilidad. Dios no busca expertos; busca personas lo suficientemente
pequeñas para que Su gloria sea evidente.
Gedeón pide señales, la
ofrenda consumida por fuego y, más tarde, el famoso vellón de lana. A veces
criticamos a Gedeón por su falta de fe, pero este pasaje nos muestra la
paciencia pedagógica de Dios. Él no se irrita ante nuestra necesidad de
confirmación cuando el llamado es grande.
Dios está más interesado en
formar al hombre que en simplemente ganar la batalla. Antes de que Gedeón
pudiera derribar el ejército de Madián, tuvo que derribar el altar de Baal en
su propia casa. El llamado de Dios siempre comienza con una reforma interna
antes de una victoria externa.
Quizás nos sentimos atrapados
por el miedo o limitados por nuestro pasado. Dios nos dice hoy:
"Varón/mujer esforzado y valiente". El llamado no es una invitación a
confiar en nosotros mismos, sino a confiar en Aquel que nos envía. Nuestra
debilidad es el escenario perfecto para que el poder de Dios se perfeccione.
Dios les bendiga
abundantemente.

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