lunes, 2 de marzo de 2026

Un momento... La victoria es por la gracia de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Victoria es por la Gracia de Dios

 

El relato de Deuteronomio 9 es uno de los recordatorios más contundentes y necesarios en nuestro caminar con Dios. A menudo, cuando experimentamos bendiciones o "conquistamos" territorios en nuestra vida personal, espiritual o profesional, caemos en la sutil trampa del orgullo. Pensamos que nuestra disciplina, nuestra oración o nuestra integridad han inclinado la balanza a nuestro favor.

Sin embargo, Moisés confronta esta idea de frente antes de que el pueblo cruce el Jordán.

En el versículo 4, Dios advierte: “No pienses en tu corazón... 'Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra'”. Es una advertencia contra la autojustificación.

Israel estaba a punto de enfrentar a los hijos de Anac, gigantes que infundían terror. La victoria era segura, pero la razón de la victoria no residía en el valor de Israel. Dios es claro: la conquista ocurre por la maldad de las naciones que allí habitaban y por la fidelidad de Dios a Sus promesas, no por la perfección de Su pueblo.

Moisés no se guarda nada ante el pueblo. Les recuerda que son un pueblo "de dura cerviz" (v. 6) y les trae a la memoria el episodio del becerro de oro en el Monte Horeb. Mientras Dios escribía la Ley con su dedo, el pueblo ya la estaba quebrantando.

No es mérito, no recibimos lo que merecemos por nuestro esfuerzo.

Es favor inmerecido que recibimos la victoria porque Dios decide ser fiel a Sí mismo y a Su pacto.

Si Dios nos diera solo lo que "merecemos" por nuestra conducta diaria, ninguno de nosotros estaría de pie. Nuestra "Tierra Prometida", la salvación, la paz, la provisión, es un regalo que costó la sangre de Cristo, no el sudor de nuestra propia rectitud.

A veces nos sentimos desanimados porque sentimos que no somos "lo suficientemente buenos" para que Dios nos ayude. Deuteronomio 9 te dice: ¡Exacto! No lo eres, pero Él es fiel. La victoria sobre nuestros gigantes (adicciones, deudas, conflictos familiares o miedos) no depende de que seamos perfectos, sino de que reconozcamos que el Fuego Consumidor de Dios va delante de nosotros. Dios pelea por nosotros para honrar Su nombre y Su palabra.

Dios les bendiga abundantemente.

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