UN MOMENTO CON DIOS
De la Angustia al Propósito
"Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo... Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva... y dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida..." (1 Samuel 1 9 - 11)
El primer capítulo de 1 Samuel
nos introduce a una mujer cuya fe fue forjada en el fuego de la esterilidad y
el menosprecio. Mientras otros celebraban en Silo, Ana cargaba con un vacío que
ninguna palabra de consuelo humano, ni siquiera las de su esposo Elcana, podía
llenar.
Ana oró con "amargura de
alma". A menudo pensamos que para acercarnos a Dios debemos presentar una fachada
de santidad o calma. Sin embargo, Ana nos enseña que la oración más poderosa es
la más honesta. Ella no reprimió su dolor; lo derramó.
La enseñanza aquí es vital,
Dios no se asusta de nuestras lágrimas ni de nuestra desesperación. Ana no
buscó distracciones en la fiesta de Silo; buscó el Altar. Su vulnerabilidad fue
el puente hacia su milagro. Cuando dejamos de fingir que estamos bien, permitimos
que la gracia de Dios comience a operar en nuestras heridas.
Lo que hace extraordinaria la
oración de Ana es el cambio de enfoque. Ella no solo pide un hijo para callar
las burlas de Penina o para satisfacer su instinto maternal. Ella hace un voto:
"yo lo dedicaré a Jehová".
Ana entendió que su petición
podía alinearse con una necesidad mayor. Israel necesitaba un profeta, y Ana
ofreció su mayor deseo para el servicio de Dios. Esta es una lección de madurez
espiritual, nuestras peticiones alcanzan un nuevo nivel de autoridad cuando
dejamos de pedir solo para nosotros y empezamos a preguntar: "Señor, ¿cómo
puede esta bendición servir a Tu propósito?".
Al llamar a Dios "Jehová
de los ejércitos", Ana reconoce que el Dios que gobierna los astros y los
ejércitos celestiales es el mismo que tiene el control sobre su vientre. Su
actitud fue de rendición total. Se llamó a sí misma "sierva" tres
veces en un solo versículo, posicionándose no como alguien que exige un
derecho, sino como alguien que espera un favor soberano.
Ana entró al templo con el
rostro oscurecido por la tristeza y salió con la paz de quien ha dejado la
carga en manos capaces. No recibió la respuesta instantánea en ese momento,
pero recibió la paz que sobrepasa todo entendimiento porque su actitud cambió
de la queja a la entrega.
¿Qué "hijo" o
proyecto estamos pidiendo hoy? Quizás el retraso en la respuesta no es un
"no", sino una invitación de Dios para que esa petición se convierta
en algo que bendiga a muchos más allá de nosotros mismo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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