UN MOMENTO CON DIOS
El Costo de lo Oculto
Josué 7
El pueblo venía de ver caer muros impenetrables, y esa confianza se transformó rápidamente en presunción. Al espiar Hai, los hombres sugirieron: "No fatigueis a todo el pueblo... porque son pocos".
A veces, las grandes victorias
nos vuelven descuidados. Creemos que la bendición de ayer garantiza el éxito de
hoy sin necesidad de consultar a Dios. La derrota en Hai nos enseña que no hay
enemigo pequeño cuando caminamos sin la dirección divina.
Cuando Josué clama
desesperado, la respuesta de Dios es tajante: "Israel ha pecado". Es
notable que, aunque solo un hombre (Acán) robó el botín, Dios trata el asunto
como un pecado nacional.
El pecado nunca es privado.
Creemos que nuestras decisiones morales "en la oscuridad" de nuestra
habitación o pensamientos no afectan a nadie más, pero el pecado de Acán detuvo
el avance de toda una nación y costó la vida de 36 soldados. La desobediencia
rompe la cobertura espiritual de la comunidad.
La confesión de Acán revela el
patrón universal de la tentación:
"Vi...": El ojo se detiene
en lo prohibido (un manto babilónico, oro y plata).
"Codicié...": El
deseo se apodera de la voluntad.
"Tomé...": Se
ejecuta la acción.
"Escondí...": El
engaño intenta cubrir la culpa.
Acán intentó construir su
prosperidad personal sobre la desobediencia a Dios, enterrando su pecado bajo
su tienda. Pero lo que se entierra bajo la tienda, termina saliendo a la luz
frente a toda la congregación.
El nombre del lugar donde Acán
fue juzgado se llamó Acor, que significa "turbación" o
"desgracia". Para que Israel pudiera volver a tener la victoria, la
santidad debía ser restaurada. Dios es un Dios de amor, pero también de
justicia; Él ama demasiado a Su pueblo como para permitir que el cáncer del
pecado lo destruya desde adentro.
Dios les bendiga abundantemente.

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