viernes, 6 de marzo de 2026

Un momento... La trampa de la indiferencia

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Trampa de la Indiferencia

 

Deuteronomio 22. 1 - 3

 

A menudo leemos las leyes del Antiguo Testamento como una lista rígida de reglas distantes. Sin embargo, cuando nos detenemos en pasajes como Deuteronomio 22. 1 - 3, descubrimos que Dios no solo estaba estableciendo normas de propiedad, sino que estaba moldeando el carácter de Su pueblo.

El pasaje comienza con una instrucción clara: “No verás el buey de tu hermano, o su cordero, perdidos, y te negarás a ellos; los volverás a tu hermano”.

La frase clave aquí es “te negarás a ellos” (o "hacerse de la vista gorda"). Es la tentación humana universal de decir: "No es mi problema". Es más fácil seguir de largo, fingir que no vimos la necesidad del otro para no interrumpir nuestra agenda o nuestro descanso. Pero para Dios, la indiferencia es una forma de desobediencia. El amor al prójimo comienza cuando decidimos no mirar hacia otro lado.

El versículo 2 nos lleva un paso más allá. Si el dueño no vivía cerca o no lo conocían, no estaban libre de responsabilidad. Debían llevar el animal a su casa y cuidarlo hasta que el dueño lo busque.

Esto nos habla de una bondad proactiva. No basta con no robar; la santidad implica proteger lo que le pertenece al otro. Requiere esfuerzo, hay que alimentar al animal ajeno, darle espacio y tiempo. En nuestro contexto actual, esto se traduce en cuidar la reputación de alguien cuando no está presente, o ayudar a un colega con una carga de trabajo, aunque no recibamos el crédito.

El versículo 3 cierra el círculo: “Así harás con su asno, así harás también con su vestido, y lo mismo harás con toda cosa perdida de tu hermano”. Dios no hace acepción de objetos; ya sea un buey costoso o un simple manto, la integridad debe ser la misma.

Nuestra fidelidad a Dios se pone a prueba en las cosas pequeñas que "nadie ve". Si encontramos algo que no nos pertenece, la ética del Reino nos llama a buscar restaurarlo, no a quedárnoslo bajo el pretexto de la "buena suerte".

En un mundo que nos empuja al individualismo extremo, estos versículos nos recuerdan que somos los guardianes de nuestros hermanos. La ley de Dios siempre apunta a la restauración. Si Dios se preocupa por un buey extraviado o un manto perdido, ¡cuánto más se preocupa por las personas que se sienten perdidas a nuestro alrededor!

Dios les bendiga abundantemente.

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