UN MOMENTO CON DIOS
El Peligro de la Pasividad
Espiritual
“Entonces Josué les preguntó:
«¿Cuánto tiempo más van a esperar para tomar posesión del resto de la tierra
que el Señor, Dios de sus antepasados, ¿les ha dado?” (Jueces 18. 3)
Josué lanza un desafío directo: “¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?”. Esta pregunta no cuestiona la capacidad de Dios, sino la disposición del corazón de Su pueblo.
A menudo, nuestra mayor tragedia
no es que Dios no haya provisto, sino que nosotros no hemos reclamado lo que ya
nos pertenece por gracia. Estamos en la Tierra Prometida, tenemos las promesas,
pero vivimos como si todavía estuviéramos en el desierto. La negligencia aquí
no es pereza física, es una apatía espiritual que se conforma con lo básico
mientras ignora la abundancia de la herencia divina.
Dios ya les había dado la
tierra, pero ellos aún no la poseían. En la vida cristiana, esto se traduce en
las promesas de paz, libertad del pecado y propósito. Dios ya nos ha otorgado
"todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad", pero
poseerlas requiere un paso de fe y una acción intencional.
La pasividad es el enemigo del
crecimiento. Las siete tribus estaban esperando que la tierra "les cayera
encima" o que los enemigos se evaporaran por arte de magia. Josué les
recuerda que la bendición requiere movimiento. Si no caminamos por el
territorio, nunca conoceremos sus dimensiones.
¿Por qué eran negligentes?
Probablemente porque en Silo estaban cómodos. Tenían comida, estaban juntos y
el Tabernáculo estaba allí. A veces, lo "bueno" se convierte en
enemigo de lo "mejor". Nos conformamos con una vida espiritual de
"campamento" asistir a la iglesia, leer un poco la Biblia porque
tomar nuestra heredad implica esfuerzo, enfrentar nuevos desafíos y salir de
nuestra zona de confort.
Dios ya firmó la escritura de nuestra
herencia con la sangre de Cristo. La negligencia se vence con determinación.
Josué no les dio un discurso motivacional vacío; les dio una orden de marcha.
Hoy es el día para dejar de acampar en la duda y empezar a caminar en la
promesa.
Dios les bendiga
abundantemente.

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