UN MOMENTO CON DIOS
Victoria sobre los Gigantes
Deuteronomio 12
Al leer Deuteronomio 12, podríamos pensar que estamos ante un manual de demolición. Dios ordena a Su pueblo derribar altares, quebrar estatuas y quemar imágenes. Sin embargo, detrás de este mandato físico hay una estrategia espiritual de victoria.
Israel se enfrentaba a
enemigos poderosos, naciones con ejércitos superiores y fortalezas amuralladas.
Pero Dios les enseña que la derrota de sus enemigos no comenzaba en el campo de
batalla con espadas, sino en la pureza de su adoración.
A menudo, nuestros enemigos
más peligrosos no son los que nos atacan de frente, sino los que nos seducen
desde adentro. Los cananeos tenían "lugares altos" (v. 2) donde
adoraban a sus dioses. Dios sabía que, si Israel conservaba esos altares,
terminaría adoptando la mentalidad de sus enemigos.
Para derrotar a un enemigo
poderoso, primero debemos destruir su influencia en nuestra vida. ¿Qué
"altares" de temor, ansiedad o dependencia del mundo hemos dejado en
pie? La victoria total comienza cuando limpiamos el terreno de nuestro corazón.
El capítulo 12 repite una
frase clave: "el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere" (v. 5, 11,
14, 18). Dios no quería que Israel lo buscara a su manera, sino bajo Sus
términos.
Nuestros enemigos son
derrotados cuando dejamos de pelear bajo nuestras propias reglas. Cuando
intentamos vencer la depresión, los problemas económicos o las crisis
familiares con "fuerzas humanas", nos agotamos. La victoria se
encuentra en la presencia de Dios, en el lugar de rendición que Él ha
establecido.
Un detalle en el versículo 7
es el mandato de comer y regocijarse delante de Jehová. Parece contradictorio:
¿cómo vamos a celebrar cuando estamos rodeados de enemigos poderosos?
La Biblia nos enseña que el
gozo del Señor es nuestra fuerza. Cuando adoramos en medio de la prueba, estamos
declarando que Dios es más grande que el gigante que tenemos enfrente. La
adoración centrada en Dios (y no en el problema) desmantela el poder del
enemigo sobre nuestras emociones.
Quizás hoy nos estamos frente
a un "Canaán" imposible. Los problemas parecen más altos que nuestros
muros. Deuteronomio 12 nos recuerda que la clave de la conquista no es nuestra
fuerza, sino nuestra fidelidad. Si cuidamos nuestro altar personal y nos
mantenemos en el lugar de obediencia que Dios ha escogido para nosotros, Él
mismo se encargará de que nuestros enemigos retrocedan.
Dios les bendiga
abundantemente.

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