martes, 3 de marzo de 2026

Un momento... Obediencia por amor

 


UN MOMENTO CON DIOS

Obediencia por Amor

 

Si el capítulo 9 de Deuteronomio nos enseñaba que no merecemos la victoria, el capítulo 11 nos explica cómo mantenernos en ella. Moisés presenta aquí un ultimátum espiritual, la vida no es un caos de coincidencias, sino una serie de consecuencias basadas en nuestra respuesta a la voz de Dios.

El capítulo comienza con un imperativo: “Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas...” (v. 1).

A menudo vemos la obediencia como una carga pesada o una lista de reglas frías. Sin embargo, para Dios, la obediencia es el lenguaje del amor. No obedecemos para que Él nos ame, sino porque Él nos amó primero. Moisés les recuerda los milagros en Egipto y el Mar Rojo (v. 3-4); la memoria de la gratitud debe ser lo que impulse nuestros pies a seguir Sus mandamientos.

Moisés hace una comparación fascinante entre Egipto y la Tierra Prometida (v. 10-12). En Egipto, el pueblo regaba la tierra "con su pie", como una huerta, dependiendo de su propio esfuerzo y de los canales del Nilo. Pero la tierra que iban a poseer era diferente: una tierra de montes y valles que bebe el agua de la lluvia del cielo.

Esta es una metáfora poderosa para nuestra vida espiritual: Egipto representa el esfuerzo humano, el control y el agotamiento.

Canaán representa la dependencia total. Si hay obediencia, hay lluvia. Si hay lluvia, hay fruto.

Dios nos está llamando a salir de la mentalidad de "regarlo todo con nuestro pie" y entrar en una dimensión donde nuestra provisión depende de nuestra conexión con lo alto.

El capítulo cierra con una imagen gráfica, el Monte Gerizim (bendición) y el Monte Ebal (maldición). Dios pone delante de nosotros un camino.

La obediencia no es un juego de azar. Es una siembra. El versículo 26 es tajante: “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición”. Dios es tan respetuoso de nuestra voluntad que nos permite elegir el resultado de nuestra vida. La bendición no es un golpe de suerte, es el fruto de caminar en Sus caminos.

La obediencia en Deuteronomio 11 no es opcional si queremos ver la plenitud de Dios. Se trata de fijar Sus palabras en nuestro corazón y en nuestra alma (v. 18), enseñándolas a nuestros hijos y escribiéndolas en nuestra casa.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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