UN MOMENTO CON DIOS
De la Maldición a la Bendición
La bendición de Dios no es solo para quienes nunca fallan, sino especialmente para quienes saben volver. Moisés anticipa que el pueblo fallará y será esparcido, pero asegura que, si se arrepienten de todo corazón, Dios los recogerá de los confines de la tierra.
La bendición no es un estado
de perfección estática, sino una relación de restauración dinámica. Dios no nos
bendice porque seamos impecables, sino porque Su misericordia es mayor que
nuestro extravío.
Aquí encontramos el núcleo de
la verdadera bendición: "Jehová tu Dios circuncidará tu corazón". La
bendición externa (tierra, frutos, paz) es solo el resultado de una
transformación interna. Dios promete quitar la dureza de nuestro interior para
que podamos amarle con toda nuestra alma. Sin este cambio de corazón, cualquier
abundancia material es vacía.
A menudo pensamos que la
voluntad de Dios es un misterio inalcanzable. Moisés desmiente esto con
firmeza: la palabra no está "arriba en el cielo" ni "al otro
lado del mar". Está "muy cerca de ti, en tu boca y en tu
corazón". La bendición de vivir conforme a Dios no requiere proezas
intelectuales o viajes épicos; requiere una obediencia sencilla y diaria en lo
que ya conocemos de Su Palabra.
Dios pone delante de nosotros
dos caminos:
Vida y Bien, amando a Dios,
andando en sus caminos y guardando sus mandatos.
Muerte y Mal, dejando que el
corazón se aparte hacia otros ídolos (dinero, ego, control).
La bendición de Dios es una
invitación, no una imposición. "Escoge, pues, la vida", nos ruega el
texto. Escoger la vida es, en última instancia, escoger a Dios mismo, porque Él
es nuestra vida y la prolongación de nuestros días.
Dios les bendiga
abundantemente.

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