domingo, 8 de marzo de 2026

Un momento... La transparencia ante Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Transparencia ante Dios

 

Deuteronomio 27

 

En la geografía espiritual de Israel, pocos lugares son tan imponentes como el valle flanqueado por dos montes: Gerizim (el monte de la bendición) y Ebal (el monte de la maldición). Para Dios, el Monte Ebal no era solo un accidente geográfico, sino un poderoso recordatorio de Su justicia y la seriedad de nuestra relación con Él.

El Monte Ebal representaba las consecuencias de apartarse del diseño divino. Mientras el Monte Gerizim resonaba con las promesas de prosperidad, desde el Ebal se proclamaban las "maldiciones".

Para Dios, el Monte Ebal significa transparencia. A menudo queremos un Evangelio que solo hable de Gerizim, de bendiciones y consuelo. Pero Dios nos lleva al Ebal para recordarnos que nuestras decisiones tienen peso. Él es un Padre amoroso, pero también un Juez justo. El Ebal nos dice que Dios nos ama demasiado como para dejarnos creer que el pecado no tiene consecuencias.

Lo más sorprendente de Deuteronomio 27 es que Dios ordena levantar un altar de piedras y ofrecer sacrificios precisamente en el Monte Ebal (v. 4 - 7), no en el Gerizim.

¿Por qué levantar un altar en el monte de la maldición?

Porque Dios sabe que fallaremos. El altar en el Ebal es un mensaje de esperanza: allí donde nuestra desobediencia nos alcanza, Dios provee un lugar de sacrificio. Para nosotros hoy, esto apunta directamente a la Cruz. Jesús fue "hecho maldición" por nosotros en un "Ebal" llamado Calvario.

Dios puso el remedio (el sacrificio) justo en el lugar de nuestra mayor necesidad y fracaso.

Dios ordenó que las piedras del altar fueran revocadas con cal y que se escribieran en ellas las palabras de la ley "muy claramente" (v. 8 ).

Esto significa que la voluntad de Dios no es un misterio oculto. Él quiere que sepamos exactamente qué espera de nosotros. Para Dios, el Monte Ebal representa la claridad de Su pacto. No hay excusas; Su Palabra está expuesta para que todos la lean. Nuestra obediencia no debe nacer del miedo a la maldición, sino de la claridad de saber que Sus caminos son vida.

A veces nos sentimos bajo la sombra de nuestro propio "Monte Ebal": errores pasados, debilidades o consecuencias de malas decisiones. Sin embargo, recordemos que Dios puso el altar allí. Él no nos confronta con nuestra realidad para destruirnos, sino para que reconozcamos nuestra necesidad de Su gracia.

Dios les bendiga abundantemente.

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