La Transparencia ante Dios
Deuteronomio 27
En la geografía espiritual de Israel, pocos lugares son tan imponentes como el valle flanqueado por dos montes: Gerizim (el monte de la bendición) y Ebal (el monte de la maldición). Para Dios, el Monte Ebal no era solo un accidente geográfico, sino un poderoso recordatorio de Su justicia y la seriedad de nuestra relación con Él.
El Monte Ebal representaba las
consecuencias de apartarse del diseño divino. Mientras el Monte Gerizim
resonaba con las promesas de prosperidad, desde el Ebal se proclamaban las
"maldiciones".
Para Dios, el Monte Ebal
significa transparencia. A menudo queremos un Evangelio que solo hable de
Gerizim, de bendiciones y consuelo. Pero Dios nos lleva al Ebal para
recordarnos que nuestras decisiones tienen peso. Él es un Padre amoroso, pero
también un Juez justo. El Ebal nos dice que Dios nos ama demasiado como para
dejarnos creer que el pecado no tiene consecuencias.
Lo más sorprendente de
Deuteronomio 27 es que Dios ordena levantar un altar de piedras y ofrecer
sacrificios precisamente en el Monte Ebal (v. 4 - 7), no en el Gerizim.
¿Por qué levantar un altar en
el monte de la maldición?
Porque Dios sabe que
fallaremos. El altar en el Ebal es un mensaje de esperanza: allí donde nuestra
desobediencia nos alcanza, Dios provee un lugar de sacrificio. Para nosotros
hoy, esto apunta directamente a la Cruz. Jesús fue "hecho maldición"
por nosotros en un "Ebal" llamado Calvario.
Dios puso el remedio (el
sacrificio) justo en el lugar de nuestra mayor necesidad y fracaso.
Dios ordenó que las piedras
del altar fueran revocadas con cal y que se escribieran en ellas las palabras
de la ley "muy claramente" (v. 8 ).
Esto significa que la voluntad
de Dios no es un misterio oculto. Él quiere que sepamos exactamente qué espera
de nosotros. Para Dios, el Monte Ebal representa la claridad de Su pacto. No
hay excusas; Su Palabra está expuesta para que todos la lean. Nuestra
obediencia no debe nacer del miedo a la maldición, sino de la claridad de saber
que Sus caminos son vida.
A veces nos sentimos bajo la
sombra de nuestro propio "Monte Ebal": errores pasados, debilidades o
consecuencias de malas decisiones. Sin embargo, recordemos que Dios puso el
altar allí. Él no nos confronta con nuestra realidad para destruirnos, sino
para que reconozcamos nuestra necesidad de Su gracia.
Dios les bendiga
abundantemente.

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