miércoles, 4 de marzo de 2026

Un momento... El arte de no olvidar quien nos rescató

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Pascua: El Arte de No Olvidar Quién nos Rescató

 

En el ajetreo de la vida moderna, es fácil perder de vista el origen de nuestra paz y libertad. El capítulo 16 de Deuteronomio se levanta como un monumento a la memoria espiritual. Aquí, Dios no solo pide una celebración; establece un sistema para que el corazón humano, propenso a la amnesia, nunca olvide el momento en que pasó de la esclavitud a la esperanza.

El capítulo inicia con un mandato claro: "Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu Dios" (v. 1). Abib significa "espigas verdes", marcando el inicio de la primavera.

Para Israel, la Pascua no era una fecha movible según su conveniencia; era el ancla de su año. Dios nos enseña que nuestra identidad comienza en nuestra liberación. Al igual que ellos debían recordar que salieron de Egipto "de noche" y "apresuradamente", nosotros debemos recordar el momento oscuro en que la gracia de Dios nos alcanzó y nos sacó del dominio del pecado.

Un detalle fascinante de este pasaje es la instrucción de comer pan sin levadura durante siete días, llamándolo "pan de aflicción" (v. 3). ¿Por qué comer algo que recordara el dolor?

Para que nunca olviden que no salieron por su propia fuerza.

La falta de levadura simboliza la urgencia de la salida. No hubo tiempo para que la masa leudara.

En nuestra vida cristiana, a veces Dios permite "panes de aflicción" recordatorios de nuestras debilidades pasadas no para castigarnos, sino para que valoremos la magnitud del rescate. La Pascua nos enseña que la libertad es un regalo que debe ser custodiado con un corazón humilde.

Moisés enfatiza que la Pascua no podía sacrificarse en cualquier ciudad, sino específicamente en el lugar que Jehová eligiera para hacer habitar Su nombre.

Esta centralización del culto tenía un propósito, la unidad. La Pascua no era un evento privado o individualista; era la nación entera reconociendo a un solo Salvador.

Para nosotros hoy, esto apunta a Cristo, nuestra verdadera Pascua, el único "Lugar" y Nombre bajo el cielo en el cual podemos ser salvos.

Deuteronomio 16. 3 dice que debemos recordar nuestra salida de Egipto "todos los días de nuestra vida". La Pascua no es un evento de una vez al año; es una postura diaria.

Hoy, detengámonos un momento. Miremos hacia atrás, a nuestro propio "Egipto": ese vicio, esa tristeza profunda o ese vacío que antes nos dominaba. Celebremos nuestra Pascua personal agradeciendo a Dios por la sangre del Cordero que nos hizo libres. No permitamos que la comodidad de hoy nos haga olvidar el milagro de ayer.

Dios les bendiga abundantemente.

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