UN MOMENTO CON DIOS
La Pascua: El Arte de No
Olvidar Quién nos Rescató
En el ajetreo de la vida moderna, es fácil perder de vista el origen de nuestra paz y libertad. El capítulo 16 de Deuteronomio se levanta como un monumento a la memoria espiritual. Aquí, Dios no solo pide una celebración; establece un sistema para que el corazón humano, propenso a la amnesia, nunca olvide el momento en que pasó de la esclavitud a la esperanza.
El capítulo inicia con un
mandato claro: "Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu
Dios" (v. 1). Abib significa "espigas verdes", marcando el
inicio de la primavera.
Para Israel, la Pascua no era
una fecha movible según su conveniencia; era el ancla de su año. Dios nos
enseña que nuestra identidad comienza en nuestra liberación. Al igual que ellos
debían recordar que salieron de Egipto "de noche" y
"apresuradamente", nosotros debemos recordar el momento oscuro en que
la gracia de Dios nos alcanzó y nos sacó del dominio del pecado.
Un detalle fascinante de este
pasaje es la instrucción de comer pan sin levadura durante siete días,
llamándolo "pan de aflicción" (v. 3). ¿Por qué comer algo que
recordara el dolor?
Para que nunca olviden que no
salieron por su propia fuerza.
La falta de levadura simboliza
la urgencia de la salida. No hubo tiempo para que la masa leudara.
En nuestra vida cristiana, a
veces Dios permite "panes de aflicción" recordatorios de nuestras
debilidades pasadas no para castigarnos, sino para que valoremos la magnitud
del rescate. La Pascua nos enseña que la libertad es un regalo que debe ser
custodiado con un corazón humilde.
Moisés enfatiza que la Pascua
no podía sacrificarse en cualquier ciudad, sino específicamente en el lugar que
Jehová eligiera para hacer habitar Su nombre.
Esta centralización del culto
tenía un propósito, la unidad. La Pascua no era un evento privado o
individualista; era la nación entera reconociendo a un solo Salvador.
Para nosotros hoy, esto apunta
a Cristo, nuestra verdadera Pascua, el único "Lugar" y Nombre bajo el
cielo en el cual podemos ser salvos.
Deuteronomio 16. 3 dice que
debemos recordar nuestra salida de Egipto "todos los días de nuestra
vida". La Pascua no es un evento de una vez al año; es una postura diaria.
Hoy, detengámonos un momento.
Miremos hacia atrás, a nuestro propio "Egipto": ese vicio, esa
tristeza profunda o ese vacío que antes nos dominaba. Celebremos nuestra Pascua
personal agradeciendo a Dios por la sangre del Cordero que nos hizo libres. No
permitamos que la comodidad de hoy nos haga olvidar el milagro de ayer.
Dios les bendiga
abundantemente.

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