UN MOMENTO CON DIOS
El Esfuerzo de la Obediencia
“Por lo tanto, asegúrense de seguir todo lo que Moisés escribió en el libro de instrucción. No se desvíen de esas palabras ni a la derecha ni a la izquierda. Asegúrense de no tener nada que ver con los otros pueblos que aún quedan en esta tierra. Ni siquiera mencionen los nombres de sus dioses y mucho menos juren por ellos, ni los sirvan, ni los adoren. Por el contrario, aférrense bien al Señor su Dios como lo han hecho hasta ahora.” (Josué 23. 6 – 8 )
Josué comienza con un
imperativo: "Esforzaos, pues, mucho". Es un error común pensar que la
vida espiritual es pasiva. La obediencia a la Palabra de Dios requiere una
determinación activa. El texto especifica que el esfuerzo es para "guardar
y hacer todo lo que está escrito", advirtiendo que no debemos apartarnos
de ello "ni a diestra ni a siniestra".
La santidad no es un
accidente; es el resultado de un esfuerzo consciente por mantener el rumbo. En
nuestra cultura actual, desviarse un "poco" hacia la derecha o la
izquierda parece inofensivo, pero Josué sabía que un pequeño grado de
desviación hoy nos aleja kilómetros del destino mañana.
La advertencia aquí es clara:
no os mezcléis. El peligro no era la presencia física de las naciones paganas,
sino la influencia de sus dioses. Josué menciona una progresión peligrosa:
mencionar sus nombres, jurar por ellos, servirles e inclinarse ante ellos.
La apostasía rara vez ocurre
de la noche a la mañana. Comienza cuando empezamos a normalizar el lenguaje y
los valores del mundo. Cuando los nombres de los ídolos modernos (éxito
desmedido, validación social, placer egoísta) se vuelven comunes en nuestra
boca, estamos a un paso de inclinar nuestro corazón ante ellos. La separación
bíblica no es aislamiento del mundo, sino protección contra la contaminación de
sus sistemas de valores.
¿Cómo resistir la tentación de
la mezcla? El versículo 8 da la clave: "más a Jehová vuestro Dios
seguiréis". La palabra hebrea utilizada para "seguir" (dabaq)
implica adherirse firmemente, como si se tratara de pegamento o de un abrazo
estrecho. Es la misma palabra usada para describir la unión entre un esposo y
una esposa.
Nuestra mayor defensa contra
el pecado no es solo decir "no" al mundo, sino decir un
"sí" apasionado a Dios. No se trata de cumplir reglas, sino de
mantener una comunión tan estrecha con el Señor que no haya espacio para nada
más entre Él y nosotros. Josué apela a su historia reciente: "como habéis
hecho hasta hoy". La fidelidad de ayer es el fundamento para la victoria
de mañana.
La vida cristiana es una
carrera de resistencia. Hoy, el desafío de Josué resuena: ¿Estamos
esforzándonos por ser fieles a la Palabra? ¿Hemos permitido que el lenguaje del
mundo se mezcle con nuestra fe? La solución es volver a "pegarnos" a
Dios con la misma intensidad con la que un náufrago se aferra a una roca.
Dios les bendiga
abundantemente.

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