UN MOMENTO CON DIOS
El peligro de adaptar a Dios a
nuestra conveniencia
La historia de Micaía es un espejo que refleja la tendencia humana de querer "adaptar" a Dios a nuestra propia conveniencia.
La historia comienza con un
robo familiar. Micaía confiesa haberle robado plata a su propia madre, y ella,
en lugar de una disciplina firme, responde bendiciéndolo y dedicando parte de
ese dinero para hacer una imagen fundida.
Aquí vemos el primer error: intentar
honrar a Dios mediante la desobediencia. Ellos usaron el nombre de Jehová, pero
violaron Sus mandamientos directos contra la idolatría. Micaía creó su propio
santuario, hizo un efod (vestidura sacerdotal) e instaló a uno de sus hijos
como sacerdote.
A menudo creamos nuestra
propia versión de la fe. Tomamos lo que nos gusta de la Biblia y desechamos lo
que nos confronta. La religión de Micaía era una fe "a la carta",
diseñada para sentirse bien sin tener que someterse a la autoridad de la Palabra
de Dios.
Cuando un levita joven llega a
su casa, Micaía cree que ha encontrado la validación divina. Él piensa:
"Ahora sé que Jehová me hará bien, porque tengo a un levita por
sacerdote".
Micaía cometió el error de
confiar en las formas externas y en los rituales en lugar de en una relación
genuina con Dios. Él creía que tener los objetos "correctos" y la
persona "adecuada" garantizaría la bendición de Dios, ignorando que
Dios no puede ser manipulado por ritos externos si el corazón está en rebelión.
El capítulo 17 contiene la
frase clave de todo el libro de Jueces: "En aquellos días no había rey en
Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía". Cuando no hay una
autoridad espiritual clara y el estándar de la verdad se vuelve subjetivo, la
idolatría florece.
Micaía no pensaba que estaba
haciendo algo malo; él pensaba que estaba siendo muy espiritual. Sin embargo,
su espiritualidad no estaba basada en la Verdad, sino en su propia opinión. La
idolatría moderna no siempre se trata de estatuas; a menudo se trata de poner
nuestro "yo", nuestras opiniones y nuestros deseos en el trono que
solo le pertenece a Dios.
El devocional de hoy nos
invita a examinar nuestros propios "ídolos domésticos". ¿Estamos
tratando de moldear a Dios a nuestra imagen? ¿Confiamos en rituales o en
nuestra asistencia a la iglesia para sentirnos seguros, mientras ignoramos la
obediencia en lo privado?
La verdadera bendición no
viene de tener un "levita en casa" o un amuleto religioso, sino de
rendir nuestra voluntad al único Rey verdadero. Dios no busca que le
construyamos altares de plata, sino que le entreguemos corazones contritos y
obedientes.
Dios les bendiga abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario