martes, 31 de marzo de 2026

Un momento... Lealtad a lo largo de la vida

 


UN MOMENTO CON DIOS

Lealtad a lo largo de la vida

 

1 Samuel 12

 

El capítulo 12 de 1 Samuel presenta el discurso de despedida de Samuel. Tras haber ungido a Saúl y consolidado la monarquía, el anciano profeta no se retira en silencio, sino que convoca a una asamblea para establecer un balance ético y espiritual del cambio de era en Israel.

Samuel comienza su discurso con un acto de rendición de cuentas. Antes de exhortar al pueblo, se somete al juicio de ellos. Pregunta si ha robado, oprimido o aceptado sobornos. La respuesta unánime del pueblo confirma su integridad.

Esta es la primera gran enseñanza: la autoridad moral se construye con coherencia. Samuel demuestra que, aunque el sistema de gobierno cambie, los valores de justicia y honestidad son innegociables. Un líder no puede guiar a otros hacia Dios si sus propias manos están manchadas por la avaricia.

Samuel recorre la historia de Israel, mencionando a Moisés, Aarón y los jueces (Gedeón, Barac, Jefté). Su objetivo es demostrar que las crisis de la nación nunca se debieron a la falta de un rey, sino a la falta de fidelidad. Dios siempre los libró cuando clamaron con arrepentimiento.

Al señalar esto, Samuel expone la "ingratitud" del pueblo. El deseo de un rey humano no era un avance político, sino un retroceso espiritual motivado por el miedo a sus enemigos (especialmente Nahas el amonita). La reflexión aquí es profunda, a menudo buscamos soluciones institucionales para problemas que, en el fondo, son de carácter espiritual y de confianza en la provisión divina.

Para validar sus palabras, Samuel invoca una señal milagrosa, lluvia y truenos en tiempo de la siega del trigo (una época de sequía natural). El temor que invade al pueblo es el preámbulo para la enseñanza central del capítulo:

"No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón" (1 Samuel 12. 20)

Samuel establece una fórmula clara para el futuro de la monarquía, tanto el pueblo como el rey deben temer a Jehová, servirle y escuchar su voz. La presencia de un rey no anula la soberanía de Dios; el rey es simplemente otro súbdito del Rey de reyes. Si se rebelan, la mano de Dios estará contra ellos.

La enseñanza final es que, incluso en medio de nuestras decisiones equivocadas, Dios ofrece una vía de redención si mantenemos un corazón dispuesto a servirle. La seguridad de una nación (o de una persona) no reside en sus estructuras externas, sino en la lealtad interna hacia su Creador.

Dios les bendiga abundantemente.

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