UN MOMENTO CON DIOS
Lealtad a lo largo de la vida
1 Samuel 12
El capítulo 12 de 1 Samuel presenta el discurso de despedida de Samuel. Tras haber ungido a Saúl y consolidado la monarquía, el anciano profeta no se retira en silencio, sino que convoca a una asamblea para establecer un balance ético y espiritual del cambio de era en Israel.
Samuel comienza su discurso
con un acto de rendición de cuentas. Antes de exhortar al pueblo, se somete al
juicio de ellos. Pregunta si ha robado, oprimido o aceptado sobornos. La
respuesta unánime del pueblo confirma su integridad.
Esta es la primera gran
enseñanza: la autoridad moral se construye con coherencia. Samuel demuestra
que, aunque el sistema de gobierno cambie, los valores de justicia y honestidad
son innegociables. Un líder no puede guiar a otros hacia Dios si sus propias
manos están manchadas por la avaricia.
Samuel recorre la historia de
Israel, mencionando a Moisés, Aarón y los jueces (Gedeón, Barac, Jefté). Su
objetivo es demostrar que las crisis de la nación nunca se debieron a la falta
de un rey, sino a la falta de fidelidad. Dios siempre los libró cuando clamaron
con arrepentimiento.
Al señalar esto, Samuel expone
la "ingratitud" del pueblo. El deseo de un rey humano no era un
avance político, sino un retroceso espiritual motivado por el miedo a sus
enemigos (especialmente Nahas el amonita). La reflexión aquí es profunda, a
menudo buscamos soluciones institucionales para problemas que, en el fondo, son
de carácter espiritual y de confianza en la provisión divina.
Para validar sus palabras,
Samuel invoca una señal milagrosa, lluvia y truenos en tiempo de la siega del
trigo (una época de sequía natural). El temor que invade al pueblo es el
preámbulo para la enseñanza central del capítulo:
"No temáis; vosotros habéis
hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de pos de Jehová, sino
servidle con todo vuestro corazón" (1 Samuel 12. 20)
Samuel establece una fórmula
clara para el futuro de la monarquía, tanto el pueblo como el rey deben temer a
Jehová, servirle y escuchar su voz. La presencia de un rey no anula la
soberanía de Dios; el rey es simplemente otro súbdito del Rey de reyes. Si se
rebelan, la mano de Dios estará contra ellos.
La enseñanza final es que,
incluso en medio de nuestras decisiones equivocadas, Dios ofrece una vía de
redención si mantenemos un corazón dispuesto a servirle. La seguridad de una
nación (o de una persona) no reside en sus estructuras externas, sino en la
lealtad interna hacia su Creador.
Dios les bendiga
abundantemente.

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