UN MOMENTO CON DIOS
Valentía, Justicia y Legado
En el libro de Números, capítulo 27, encontramos una de las historias más progresistas y transformadoras de las Escrituras. En un contexto donde las genealogías y las herencias se regían estrictamente por la línea masculina, surgen cinco hermanas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Su intervención no solo cambió su destino, sino que sentó un precedente legal en Israel.
Zelofehad había muerto en el
desierto sin dejar hijos varones. Según la costumbre, su nombre y su propiedad
desaparecerían. Ante esta injusticia, sus hijas no se quedaron en la
resignación ni en la queja pasiva. Ellas se presentaron ante Moisés, el
sacerdote Eleazar y todos los líderes a la entrada del Tabernáculo.
Su argumento fue lógico y
respetuoso: “¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de entre su
familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro
padre” (Números 27. 4)
La fe no es silenciosa ante la
injusticia. Dios valora cuando nos acercamos a Él con argumentos basados en Su
carácter justo. No tengas miedo de pedir aquello que es correcto a los ojos de
Dios.
Lo más asombroso no es solo la
petición de las hermanas, sino la respuesta de Dios. Moisés, al no tener una
instrucción previa, llevó la causa ante el Señor. Dios no solo les dio la
razón, sino que estableció una ley permanente:
Dios respondió: “Bien dicen
las hijas de Zelofehad; les darás ciertamente posesión de una heredad...”
(Números 27. 7). Esto nos enseña que Dios no es esclavo de las tradiciones
humanas cuando estas limitan Su justicia. Él es un Dios que dignifica a la
mujer y escucha la voz de los que parecen no tener voto en la sociedad.
Estas mujeres no pedían solo
tierras por codicia; pedían que el nombre de su padre permaneciera. En la
cultura bíblica, el nombre representaba el legado y la identidad dentro del
pueblo de Dios. Ellas estaban peleando por su lugar en la promesa de la Tierra
Prometida.
A veces, las circunstancias de
la vida o las "reglas" del mundo intentan convencernos de que no
tenemos derecho a las promesas de Dios debido a nuestro pasado, nuestro género
o nuestra posición social.
¿Hay algo que deberíamos estar
pidiendo en oración, pero nos hemos frenado por temor o por sentirnos indignos?
Nuestra herencia no depende de
lo que los hombres digan, sino de lo que Dios ha decretado.
Como las hijas de Zelofehad,
nuestras acciones pueden abrir puertas para los que vienen detrás de nosotros.
Dios les bendiga
abundantemente.

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