lunes, 23 de febrero de 2026

Un momento... Valentía, Justicia y Legado

 


UN MOMENTO CON DIOS

Valentía, Justicia y Legado

 

En el libro de Números, capítulo 27, encontramos una de las historias más progresistas y transformadoras de las Escrituras. En un contexto donde las genealogías y las herencias se regían estrictamente por la línea masculina, surgen cinco hermanas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Su intervención no solo cambió su destino, sino que sentó un precedente legal en Israel.

Zelofehad había muerto en el desierto sin dejar hijos varones. Según la costumbre, su nombre y su propiedad desaparecerían. Ante esta injusticia, sus hijas no se quedaron en la resignación ni en la queja pasiva. Ellas se presentaron ante Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los líderes a la entrada del Tabernáculo.

Su argumento fue lógico y respetuoso: “¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre” (Números 27. 4)

La fe no es silenciosa ante la injusticia. Dios valora cuando nos acercamos a Él con argumentos basados en Su carácter justo. No tengas miedo de pedir aquello que es correcto a los ojos de Dios.

Lo más asombroso no es solo la petición de las hermanas, sino la respuesta de Dios. Moisés, al no tener una instrucción previa, llevó la causa ante el Señor. Dios no solo les dio la razón, sino que estableció una ley permanente:

Dios respondió: “Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás ciertamente posesión de una heredad...” (Números 27. 7). Esto nos enseña que Dios no es esclavo de las tradiciones humanas cuando estas limitan Su justicia. Él es un Dios que dignifica a la mujer y escucha la voz de los que parecen no tener voto en la sociedad.

Estas mujeres no pedían solo tierras por codicia; pedían que el nombre de su padre permaneciera. En la cultura bíblica, el nombre representaba el legado y la identidad dentro del pueblo de Dios. Ellas estaban peleando por su lugar en la promesa de la Tierra Prometida.

A veces, las circunstancias de la vida o las "reglas" del mundo intentan convencernos de que no tenemos derecho a las promesas de Dios debido a nuestro pasado, nuestro género o nuestra posición social.

¿Hay algo que deberíamos estar pidiendo en oración, pero nos hemos frenado por temor o por sentirnos indignos?

Nuestra herencia no depende de lo que los hombres digan, sino de lo que Dios ha decretado.

Como las hijas de Zelofehad, nuestras acciones pueden abrir puertas para los que vienen detrás de nosotros.

Dios les bendiga abundantemente.

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