UN MOMENTO CON DIOS
La memoria de Dios
Ester 6
El rey Asuero, "casualmente", da con el registro de cómo Mardoqueo había salvado la vida del rey tiempo atrás descubriendo un complot. Mardoqueo nunca recibió una recompensa en su momento, y el asunto se olvidó.
A veces sentimos que nuestra
fidelidad es invisible o que Dios se ha olvidado de nuestras batallas
cotidianas. Sin embargo, esto nos recuerda que Dios tiene un libro de memorias
que nunca se pierde. Él maneja los tiempos a la perfección. El aparente
"retraso" en el reconocimiento a Mardoqueo no fue un olvido, sino una
preparación para el momento exacto donde su honra desmantelaría el orgullo de
Amán.
La ironía divina se despliega
cuando Amán entra al patio con la intención de pedir la ejecución de Mardoqueo,
pero el rey lo interrumpe con una pregunta: «¿Qué se hará al hombre cuya honra
desea el rey?» (Ester 6. 6). Amán, cegado por su soberbia, piensa que el rey
habla de él y diseña un homenaje digno de un monarca.
La justicia de Dios es
perfecta, Amán es obligado a vestir a su peor enemigo con las ropas reales,
montarlo en el caballo del rey y proclamar su honor por las calles de Susa.
Dios tiene el poder de tomar los mismos escenarios que el enemigo diseñó para
tu vergüenza y transformarlos en plataformas de Su gloria. Cuando caminamos en
integridad, no necesitamos defendernos; nuestra justicia proviene del Cielo.
Mientras Amán regresa a su
casa cubierto de vergüenza, presagiando su caída final, Mardoqueo regresa a su
lugar habitual, la puerta del rey. Mardoqueo no se llenó de soberbia tras el
desfile; regresó a su labor con la misma humildad de siempre.
No nos desesperemos si la
justicia tarda en llegar. El Dios que gobierna los corazones de los reyes está
velando por nosotros en la noche más oscura. Sigamos sirviendo en integridad,
porque cuando Dios decide honrarnos, nadie puede detener Su mano.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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