UN MOMENTO CON DIOS
El legado de la fidelidad
Salmo 78. 1 - 4
"Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca... No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo."
El Salmo 78 es el segundo
salmo más largo de la Biblia y funciona como un espejo histórico para el pueblo
de Dios. Sin embargo, antes de repasar los aciertos y los dolorosos errores de
las generaciones pasadas, el salmista Asaf abre con un llamado urgente y
apasionado, la responsabilidad de transmitir la fe a los que vienen detrás.
El devocional comienza con una
orden doble: escuchar e inclinar el oído. No se trata de oír de forma pasiva,
sino de prestar una atención profunda y deliberada. Asaf dice que hablará en
"parábolas" y "misterios de la antigüedad". Esto significa
que la historia de nuestra vida con Dios contiene verdades profundas y
lecciones eternas que no podemos permitirnos ignorar. En un mundo lleno de distracciones
y ruidos, el primer paso para una fe sólida es aprender a acallar el entorno
para escuchar la voz del Señor.
El versículo 4 contiene un
compromiso inquebrantable: "No las encubriremos a sus hijos". Ocultar
las maravillas de Dios no solo se hace mediante el silencio, sino también a
través de la apatía. La enseñanza es clara, la fe cristiana es
intergeneracional. No fuimos llamados a ser el punto final de las bendiciones
de Dios, sino canales que las transmitan. Tenemos la responsabilidad de contar a
la generación venidera quién es Dios, revelando tanto su amor como su
disciplina.
¿Qué es exactamente lo que
debemos transmitir? El salmista destaca tres cosas: las alabanzas de Jehová, su
potencia y sus maravillas.
No testificamos de nuestras
propias capacidades, sino de la grandeza de Dios. Contamos cómo nos rescató en
el desierto, cómo proveyó en la escasez y cómo se mantuvo fiel cuando fallamos.
La distancia entre una
generación fervorosa y una que olvida a Dios es tan solo una generación que
guardó silencio. Alguien se tomó el tiempo de hablarnos de Jesús; hoy nos toca
a nosotros ser el puente para otros. Ya sea a nuestros hijos, nietos, amigos o
personas más jóvenes en la fe, compartamos nuestra historia con Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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