domingo, 28 de junio de 2026

Un momento... El legado de la fidelidad

 


UN MOMENTO CON DIOS

El legado de la fidelidad

 

Salmo 78. 1 - 4

 

"Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca... No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo."

 

El Salmo 78 es el segundo salmo más largo de la Biblia y funciona como un espejo histórico para el pueblo de Dios. Sin embargo, antes de repasar los aciertos y los dolorosos errores de las generaciones pasadas, el salmista Asaf abre con un llamado urgente y apasionado, la responsabilidad de transmitir la fe a los que vienen detrás.

El devocional comienza con una orden doble: escuchar e inclinar el oído. No se trata de oír de forma pasiva, sino de prestar una atención profunda y deliberada. Asaf dice que hablará en "parábolas" y "misterios de la antigüedad". Esto significa que la historia de nuestra vida con Dios contiene verdades profundas y lecciones eternas que no podemos permitirnos ignorar. En un mundo lleno de distracciones y ruidos, el primer paso para una fe sólida es aprender a acallar el entorno para escuchar la voz del Señor.

El versículo 4 contiene un compromiso inquebrantable: "No las encubriremos a sus hijos". Ocultar las maravillas de Dios no solo se hace mediante el silencio, sino también a través de la apatía. La enseñanza es clara, la fe cristiana es intergeneracional. No fuimos llamados a ser el punto final de las bendiciones de Dios, sino canales que las transmitan. Tenemos la responsabilidad de contar a la generación venidera quién es Dios, revelando tanto su amor como su disciplina.

¿Qué es exactamente lo que debemos transmitir? El salmista destaca tres cosas: las alabanzas de Jehová, su potencia y sus maravillas.

No testificamos de nuestras propias capacidades, sino de la grandeza de Dios. Contamos cómo nos rescató en el desierto, cómo proveyó en la escasez y cómo se mantuvo fiel cuando fallamos.

La distancia entre una generación fervorosa y una que olvida a Dios es tan solo una generación que guardó silencio. Alguien se tomó el tiempo de hablarnos de Jesús; hoy nos toca a nosotros ser el puente para otros. Ya sea a nuestros hijos, nietos, amigos o personas más jóvenes en la fe, compartamos nuestra historia con Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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