UN MOMENTO CON DIOS
El cimiento eterno de la
fidelidad de Dios
Salmo 89. 1 - 2
"Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; en los cielos mismos afirmarás tu verdad."
El Salmo 89 comienza en una
nota de altísima adoración, aunque fue escrito en un momento de profunda crisis
nacional. El salmista Etán el ezraíta contempla el aparente colapso del pacto
con el rey David. Sin embargo, antes de derramar sus dudas y su dolor ante el
Señor, toma una decisión radical: establecer su mente en lo que nunca cambia.
El salmista declara: "Las
misericordias de Jehová cantaré perpetuamente". La palabra utilizada aquí
para misericordia es Hesed, que describe el amor leal, inquebrantablel de Dios.
Etán no dice que cantará solo cuando todo vaya bien, sino
"perpetuamente".
La enseñanza para nosotros es
confrontativa: la alabanza no puede depender de nuestro estado de ánimo ni de
la estabilidad de nuestras finanzas. Alabar en medio de la tormenta es un acto
de fe que le recuerda a nuestra alma que Dios sigue siendo bueno, incluso
cuando las circunstancias son malas.
La fe auténtica no se puede
guardar en secreto. El texto añade: "de generación en generación haré
notoria tu fidelidad con mi boca".
Nuestra voz es el instrumento
que Dios utiliza para registrar Sus maravillas en la memoria del mundo. Si
dejamos de hablar de lo que Dios ha hecho, las próximas generaciones crecerán
huérfanas de esperanza.
Tenemos la responsabilidad de
comunicar que Dios es fiel, transformando nuestras experiencias personales en
un legado espiritual para los que vienen detrás.
El versículo 2 nos ofrece una
perspectiva cósmica: "en los cielos mismos afirmarás tu verdad". Las
instituciones humanas caen, las economías colapsan y las personas nos fallan
porque la tierra es inestable. Pero el amor y la verdad de Dios están anclados
en los cielos, completamente fuera del alcance de las crisis terrenales. Su
fidelidad está tan firme como las estrellas. Cuando sentimos que nuestro mundo
se tambalea, este pasaje nos invita a fijar nuestros ojos en lo alto, donde el
trono de Dios permanece inconmovible.
¿En qué lugar están puestos nuestros
cimientos?
Si construimos nuestra
seguridad sobre cosas terrenales, viviremos con miedo a que se derrumben.
Hoy, decidamos unirnos al
salmista. Tomemos la decisión de cantar, de hablar de Su fidelidad y de
recordar que el amor de Dios está firmemente edificado en el lugar más seguro
del universo: Su propio carácter.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca antes
hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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