UN MOMENTO CON DIOS
Una Integridad No Negociable
Job 27. 1 - 6
«Vive Dios, que ha quitado mi derecho, y el Omnipotente, que amargó mi alma, que todo el tiempo que mi alma esté en mí, y haya hálito de Dios en mis narices, mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño. Nunca tal acontezca que yo os justifique; hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad...»
¿Qué haces cuando la vida nos
trata con dureza y, además, quienes deberían apoyarnos nos juzgan mal? Job
estaba viviendo ese escenario exacto. Sus amigos lo acusaban de ser un
hipócrita y de tener un pecado oculto que justificaba su desgracia. Sin
embargo, en lugar de ceder a la presión social o de amargarse contra el cielo
hasta el punto de corromperse, Job toma una decisión radical: su integridad no
está a la venta.
Lo importante de este texto es
la honestidad de Job. Él dice que Dios "amargó su alma", reconociendo
su dolor y su confusión. No finge que todo está bien. Pero inmediatamente añade
una promesa, mientras le quede aliento, no usará sus labios para mentir ni para
darles la razón a sus críticos. Job decide que el sufrimiento externo no tiene
por qué traducirse en una quiebra moral interna.
Este pasaje nos desafía a
evaluar los cimientos de nuestro carácter a través de tres principios:
La integridad depende de quién
somos, no de cómo nos va. Es fácil ser íntegro, amable y piadoso cuando las
cosas marchan sobre ruedas. La verdadera prueba de nuestro carácter ocurre en
el desierto, cuando mantener la honestidad parece no traer ninguna recompensa
inmediata.
Los amigos de Job querían que
él inventara una culpa para "calmar" la situación. A veces, la
presión del entorno nos empuja a comprometer la verdad con tal de encajar o de
evitar conflictos. Job se mantuvo firme en lo que sabía que era real.
Una conciencia limpia es el
mejor refugio, en el versículo 6, Job afirma: «Mi corazón no me reprocha nada
de mis días». No había riqueza ni salud que pudieran comprar la paz de una
conciencia tranquila ante Dios.
Las tormentas de la vida
pueden quitarnos nuestros bienes, nuestra salud o nuestros planes, pero nadie
puede arrebatarnos nuestra integridad a menos que nosotros decidamos
entregarla. Nuestra reputación está en manos de los demás; nuestro carácter
está en las nuestras.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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