UN MOMENTO CON DIOS
El Dios que nos lleva a tierra
de abundancia
Salmo 66. 10 - 12
"Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se purifica la plata... Pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia."
El Salmo 66 es un himno de victoria
colectiva y personal. Comienza con una invitación vibrante a toda la tierra
para aclamar a Dios con alegría, pero a mitad del camino, el salmista hace una
pausa para recordarnos el costo de esa alabanza. Nos recuerda que la madurez
espiritual y los cantos de victoria no nacen en la comodidad, sino en el crisol
de la prueba.
El versículo 10 utiliza la
metáfora de la purificación de la plata. El platero no mete el metal al fuego
para destruirlo, sino para separar las impurezas del mineral valioso. Dios
permite que pasemos por situaciones que sacuden nuestra fe, no para
abandonarnos, sino para revelar de qué estamos hechos y limpiar aquello que nos
estorba. Si hoy sentimos el "calor" de la prueba, recordemos que estamos
en las manos del Gran Platero; Él no aparta su mirada de nosotros.
El salmista describe las
dificultades con dos extremos: el fuego y el agua. Representan crisis de
distinta naturaleza: el fuego de la persecución o la ansiedad, y el agua que
amenaza con ahogarnos en la tristeza o la desesperación.
Es probable que en nuestra
vida hayamos experimentado ambos. Lo hermoso de esta promesa no es que
evitaremos el peligro, sino la palabra clave: "Pasamos". No nos
quedamos a vivir en el fuego ni nos ahogamos en el agua; estamos de tránsito.
El propósito final de Dios
nunca es el sufrimiento. El desierto es solo el puente, no el destino. El Salmo
culmina con una declaración gloriosa: "...y nos sacaste a
abundancia". Después del proceso de purificación, Dios nos introduce a un
espacio de ensanchamiento espiritual, paz profunda y bendición.
Las pruebas tienen la
capacidad de amargarnos o de embellecer nuestra fe. Cuando cambiamos la queja
por la adoración, como lo hace el salmista, el panorama cambia. Confiemos en
que el proceso actual tiene fecha de caducidad y que el Dios que nos sostiene
en el fuego es el mismo que nos pastoreará en la abundancia.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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