jueves, 25 de junio de 2026

Un momento... El Dios que nos lleva a tierra de abundancia

 


UN MOMENTO CON DIOS

El Dios que nos lleva a tierra de abundancia

 

Salmo 66. 10 - 12

 

"Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se purifica la plata... Pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia."

 

El Salmo 66 es un himno de victoria colectiva y personal. Comienza con una invitación vibrante a toda la tierra para aclamar a Dios con alegría, pero a mitad del camino, el salmista hace una pausa para recordarnos el costo de esa alabanza. Nos recuerda que la madurez espiritual y los cantos de victoria no nacen en la comodidad, sino en el crisol de la prueba.

El versículo 10 utiliza la metáfora de la purificación de la plata. El platero no mete el metal al fuego para destruirlo, sino para separar las impurezas del mineral valioso. Dios permite que pasemos por situaciones que sacuden nuestra fe, no para abandonarnos, sino para revelar de qué estamos hechos y limpiar aquello que nos estorba. Si hoy sentimos el "calor" de la prueba, recordemos que estamos en las manos del Gran Platero; Él no aparta su mirada de nosotros.

El salmista describe las dificultades con dos extremos: el fuego y el agua. Representan crisis de distinta naturaleza: el fuego de la persecución o la ansiedad, y el agua que amenaza con ahogarnos en la tristeza o la desesperación.

Es probable que en nuestra vida hayamos experimentado ambos. Lo hermoso de esta promesa no es que evitaremos el peligro, sino la palabra clave: "Pasamos". No nos quedamos a vivir en el fuego ni nos ahogamos en el agua; estamos de tránsito.

El propósito final de Dios nunca es el sufrimiento. El desierto es solo el puente, no el destino. El Salmo culmina con una declaración gloriosa: "...y nos sacaste a abundancia". Después del proceso de purificación, Dios nos introduce a un espacio de ensanchamiento espiritual, paz profunda y bendición.

Las pruebas tienen la capacidad de amargarnos o de embellecer nuestra fe. Cuando cambiamos la queja por la adoración, como lo hace el salmista, el panorama cambia. Confiemos en que el proceso actual tiene fecha de caducidad y que el Dios que nos sostiene en el fuego es el mismo que nos pastoreará en la abundancia.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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