UN MOMENTO CON DIOS
El peligro de una teología
rígida y sin amor
«Piensa ahora: ¿qué inocente ha perecido jamás? ¿Y dónde han sido destruidos los rectos?» (Job 4. 7)
Elifaz representa a aquellos
que intentan encasillar a Dios en una fórmula matemática: "Si haces el
bien, te va bien; si sufres, es porque pecaste". Aunque es verdad que
cosechamos lo que sembramos, aplicar esta regla de forma universal para
explicar todo sufrimiento es un grave error.
Cuando reducimos la soberanía
de Dios a un sistema de premios y castigos, terminamos lastimando a los que
sufren. Elifaz tenía mucha información teológica, pero cero empatía. Los
argumentos lógicos e intelectuales rara vez sanan un corazón roto; lo que Job
necesitaba no era un sermón correctivo, sino un hombro donde llorar.
Elifaz le recuerda a Job que
en el pasado él solía consolar a otros y fortalecer las manos caídas, pero
ahora que la desgracia le toca a él, se desalienta (Job 4. 3 - 5). Con esto,
Elifaz destila cierta ironía, sugiriendo que la fe de Job era superficial.
Es muy fácil ser un experto en
el sufrimiento ajeno y dictar cátedra sobre cómo los demás deben reaccionar
ante la pérdida. Sin embargo, la verdadera madurez espiritual se demuestra
cuando somos capaces de sostener a nuestro hermano en su debilidad,
reconociendo que nosotros también somos vulnerables y que mañana podríamos ser
los que estemos en el suelo.
Hacia el final del capítulo,
Elifaz describe una visión donde una voz le dice que ningún mortal puede ser
más justo que Dios (Job 4. 17). Aunque esta afirmación es teológicamente
correcta (somos criaturas caídas ante un Dios santo), el contexto en el que la
usa es destructivo: la usa para aplastar a un hombre que ya estaba en el polvo.
La verdad sin amor no es
cristianismo; es crueldad. En nuestras relaciones cotidianas, cuidémonos de
convertirnos en "Elifaces" que lanzan juicios rápidos disfrazados de
consejos espirituales. Cuando alguien a nuestro alrededor pase por una prueba
profunda, cambiemos los discursos teológicos por el silencio solidario, la
escucha activa y la oración intercesora. Dios nos llamó a consolar, no a
juzgar.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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