jueves, 4 de junio de 2026

Un momento... El peligro de una teología rígida y sin amor

 


UN MOMENTO CON DIOS

El peligro de una teología rígida y sin amor

 

«Piensa ahora: ¿qué inocente ha perecido jamás? ¿Y dónde han sido destruidos los rectos?» (Job 4. 7)

 

Elifaz representa a aquellos que intentan encasillar a Dios en una fórmula matemática: "Si haces el bien, te va bien; si sufres, es porque pecaste". Aunque es verdad que cosechamos lo que sembramos, aplicar esta regla de forma universal para explicar todo sufrimiento es un grave error.

Cuando reducimos la soberanía de Dios a un sistema de premios y castigos, terminamos lastimando a los que sufren. Elifaz tenía mucha información teológica, pero cero empatía. Los argumentos lógicos e intelectuales rara vez sanan un corazón roto; lo que Job necesitaba no era un sermón correctivo, sino un hombro donde llorar.

Elifaz le recuerda a Job que en el pasado él solía consolar a otros y fortalecer las manos caídas, pero ahora que la desgracia le toca a él, se desalienta (Job 4. 3 - 5). Con esto, Elifaz destila cierta ironía, sugiriendo que la fe de Job era superficial.

Es muy fácil ser un experto en el sufrimiento ajeno y dictar cátedra sobre cómo los demás deben reaccionar ante la pérdida. Sin embargo, la verdadera madurez espiritual se demuestra cuando somos capaces de sostener a nuestro hermano en su debilidad, reconociendo que nosotros también somos vulnerables y que mañana podríamos ser los que estemos en el suelo.

Hacia el final del capítulo, Elifaz describe una visión donde una voz le dice que ningún mortal puede ser más justo que Dios (Job 4. 17). Aunque esta afirmación es teológicamente correcta (somos criaturas caídas ante un Dios santo), el contexto en el que la usa es destructivo: la usa para aplastar a un hombre que ya estaba en el polvo.

La verdad sin amor no es cristianismo; es crueldad. En nuestras relaciones cotidianas, cuidémonos de convertirnos en "Elifaces" que lanzan juicios rápidos disfrazados de consejos espirituales. Cuando alguien a nuestro alrededor pase por una prueba profunda, cambiemos los discursos teológicos por el silencio solidario, la escucha activa y la oración intercesora. Dios nos llamó a consolar, no a juzgar.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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