UN MOMENTO CON DIOS
El peligro de las
"verdades" sin amor
"¿Quedará esta multitud de palabras sin respuesta? ¿Y el hombre que habla mucho será justificado?" (Job 11. 2)
Zofar maneja una teología
rígida y sin matices, si sufrimos, es porque pecamos; si nos va bien, es porque
somos justo.
Lo trágico de Zofar es que
muchas de las cosas que dice sobre Dios son técnicamente correctas. Él habla de
la inescrutable grandeza de Dios, de su soberanía y de la necesidad del
arrepentimiento. Sin embargo, su teología es defectuosa porque carece de
misericordia. Convierte la verdad divina en un mazo para aplastar a un hombre
que ya está quebrado en el suelo.
A veces, nosotros actuamos
como Zofar. Cuando vemos a alguien pasar por una crisis, una enfermedad o una ruina
financiera, el "Zofar" que llevamos dentro busca explicaciones
lógicas o culpables:
"Algo habrá hecho".
"Le falta fe".
"Debe confesar su pecado
oculto".
Juzgamos el dolor ajeno desde
la comodidad de nuestra propia estabilidad. Ofrecemos fórmulas religiosas
baratas en lugar de ofrecer presencia, silencio y compasión.
El error fundamental de Zofar
fue creer que tenía descifrado el termómetro de la justicia de Dios. No podía
concebir que el sufrimiento de Job tuviera un propósito más alto, uno que no
estaba conectado con un castigo, sino con una revelación más profunda de la
gloria divina. Al final de la historia de Job, es Dios mismo quien reprende a
Zofar y a los otros amigos por no haber hablado lo recto.
La crítica de Zofar nos deja
una advertencia urgente, la verdad sin amor no es verdad, es crueldad. Dios no
nos ha llamado a ser fiscales del dolor ajeno, sino portadores de su gracia.
Cuando una persona sufre, no
necesita un sermón teológico que la condene; necesita un hombro donde llorar y
una comunidad que la sostenga en fe mientras pasa la tormenta.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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