viernes, 5 de junio de 2026

Un momento... el peligro de las "verdades" sin amor

 


UN MOMENTO CON DIOS

El peligro de las "verdades" sin amor

 

"¿Quedará esta multitud de palabras sin respuesta? ¿Y el hombre que habla mucho será justificado?"  (Job 11. 2)

Zofar maneja una teología rígida y sin matices, si sufrimos, es porque pecamos; si nos va bien, es porque somos justo.

Lo trágico de Zofar es que muchas de las cosas que dice sobre Dios son técnicamente correctas. Él habla de la inescrutable grandeza de Dios, de su soberanía y de la necesidad del arrepentimiento. Sin embargo, su teología es defectuosa porque carece de misericordia. Convierte la verdad divina en un mazo para aplastar a un hombre que ya está quebrado en el suelo.

A veces, nosotros actuamos como Zofar. Cuando vemos a alguien pasar por una crisis, una enfermedad o una ruina financiera, el "Zofar" que llevamos dentro busca explicaciones lógicas o culpables:

"Algo habrá hecho".

"Le falta fe".

"Debe confesar su pecado oculto".

Juzgamos el dolor ajeno desde la comodidad de nuestra propia estabilidad. Ofrecemos fórmulas religiosas baratas en lugar de ofrecer presencia, silencio y compasión.

El error fundamental de Zofar fue creer que tenía descifrado el termómetro de la justicia de Dios. No podía concebir que el sufrimiento de Job tuviera un propósito más alto, uno que no estaba conectado con un castigo, sino con una revelación más profunda de la gloria divina. Al final de la historia de Job, es Dios mismo quien reprende a Zofar y a los otros amigos por no haber hablado lo recto.

La crítica de Zofar nos deja una advertencia urgente, la verdad sin amor no es verdad, es crueldad. Dios no nos ha llamado a ser fiscales del dolor ajeno, sino portadores de su gracia.

Cuando una persona sufre, no necesita un sermón teológico que la condene; necesita un hombro donde llorar y una comunidad que la sostenga en fe mientras pasa la tormenta.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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