UN MOMENTO CON DIOS
Cuando el cielo y la tierra se
abrazan
Salmo 85. 9 - 13
"Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen... La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos."
El Salmo 85 es una hermosa
oración de restauración. El pueblo ha regresado del cautiverio, pero sus
corazones todavía necesitan sanidad. En los versículos finales, el salmista
deja de pedir y comienza a profetizar, pintando uno de los cuadros más bellos
de la reconciliación entre Dios y la humanidad.
El pasaje abre con una promesa
de proximidad: "Ciertamente cercana está su salvación a los que le
temen". A veces, en medio de las crisis espirituales o las consecuencias
de nuestros errores, sentimos que Dios está a años luz de distancia. Sin
embargo, el texto nos enseña que el temor reverente, el respeto profundo por su
santidad, derriba cualquier muro.
El deseo de Dios no es
alejarse, sino hacer habitar su gloria en nuestra tierra, en nuestra
cotidianidad.
El versículo 10 contiene una
de las expresiones poéticas más profundas de las Escrituras: la misericordia y
la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Humanamente, estas
virtudes parecían irreconciliables. La verdad expone nuestro pecado y la
justicia exige un castigo; por otro lado, la misericordia anhela perdonar y la
paz busca reconciliación. ¿Cómo podían unirse sin contradecirse?
La enseñanza apunta
directamente a la cruz de Jesús. En el Calvario, la justicia de Dios fue
satisfecha por el sacrificio de Cristo (Verdad y Justicia), permitiendo que
recibiéramos perdón y reconciliación (Misericordia y Paz). Dios no comprometió
su santidad para amarnos; la derramó en Jesús para salvarnos.
Cuando el cielo y la tierra se
alinean, todo cambia. La verdad brota del suelo y la justicia guía los pasos
del Señor como un camino preparado. El versículo 12 nos recuerda que
"Jehová dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto". La
verdadera prosperidad, la paz interior, el gozo y la restauración familiar es
el resultado natural de caminar en armonía con Dios.
Si hoy experimentamos tensión,
culpa o desierto, miremos este pasaje. La justicia y la paz ya se besaron en nuestro
favor. No tenemos que ganarnos el amor de Dios; solo necesitamos recibirlo con
humildad y permitir que Su verdad brote en nuestra vida diaria.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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