UN MOMENTO CON DIOS
El Recuerdo de Sus Alas
Job 29. 1 - 6
«¡Quién me diera volver a los meses pasados, a los días en que Dios me guardaba, cuando hacía resplandecer su lámpara sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad; como fui en los días de mi juventud, ¡cuando el favor secreto de Dios estaba sobre mi tienda...!»
El capítulo 29 de Job es un
suspiro del alma. En medio de su ceniza y dolor, Job se detiene a mirar hacia
atrás. Con una nostalgia profunda, recuerda la época en que la bendición de
Dios era palpable en cada área de su vida: su familia estaba unida, su salud
era plena, gozaba del respeto de su comunidad y, por encima de todo, sentía el
"favor secreto de Dios" cubriendo su hogar.
Es completamente natural que,
al enfrentar una temporada de escasez, enfermedad o silencio, nuestro corazón
viaje al pasado y extrañe los días donde todo parecía más fácil. El peligro no
está en recordar las bendiciones de ayer, sino en usar esos recuerdos para
alimentar la amargura del hoy, pensando que el amor de Dios se ha agotado.
La melancolía de Job en este
capítulo nos regala tres enseñanzas clave para sostenernos en los días grises:
El agradecimiento: Recordar Sus
bendiciones nos demuestra que Dios ha sido bueno. Si Él nos sostuvo, nos proveyó
y nos sanó en el pasado, significa que Su naturaleza es proveer y sanar. El
escenario cambia, pero Su carácter permanece intacto.
La fe no se alimenta de la
nostalgia: Es hermoso recordar el ayer, pero la fe se ejercita en el presente.
Dios no es solo el Dios de nuestros "días de juventud" o de nuestros
momentos de éxito; Él sigue estando en nuestra vida hoy, aunque ahora caminemos
a oscuras y Su presencia se sienta como un misterio.
Las bendiciones pasadas son
promesas para el futuro: Cada favor que Dios nos mostró en los tiempos de paz
es una garantía de Su fidelidad. Los desiertos son estaciones, no destinos
finales. La lámpara que una vez brilló sobre nuestra cabeza no se ha apagado
para siempre; está guardada para el momento oportuno.
No usemos nuestros recuerdos
felices como un arma para reprocharle a Dios nuestro presente. Mirémoslos, en
cambio, como la evidencia innegable de que servimos a un Dios que sabe
bendecir, que cuida de los suyos y que tiene la última palabra sobre nuestra
historia. El mismo Dios que estuvo en nuestros años de abundancia está con
nosotros en nuestra noche más larga.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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