miércoles, 10 de junio de 2026

Un momento... El recuerdo de Sus alas

 


UN MOMENTO CON DIOS

El Recuerdo de Sus Alas

 

Job 29. 1 - 6

 

«¡Quién me diera volver a los meses pasados, a los días en que Dios me guardaba, cuando hacía resplandecer su lámpara sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad; como fui en los días de mi juventud, ¡cuando el favor secreto de Dios estaba sobre mi tienda...!»

 

El capítulo 29 de Job es un suspiro del alma. En medio de su ceniza y dolor, Job se detiene a mirar hacia atrás. Con una nostalgia profunda, recuerda la época en que la bendición de Dios era palpable en cada área de su vida: su familia estaba unida, su salud era plena, gozaba del respeto de su comunidad y, por encima de todo, sentía el "favor secreto de Dios" cubriendo su hogar.

Es completamente natural que, al enfrentar una temporada de escasez, enfermedad o silencio, nuestro corazón viaje al pasado y extrañe los días donde todo parecía más fácil. El peligro no está en recordar las bendiciones de ayer, sino en usar esos recuerdos para alimentar la amargura del hoy, pensando que el amor de Dios se ha agotado.

La melancolía de Job en este capítulo nos regala tres enseñanzas clave para sostenernos en los días grises:

El agradecimiento: Recordar Sus bendiciones nos demuestra que Dios ha sido bueno. Si Él nos sostuvo, nos proveyó y nos sanó en el pasado, significa que Su naturaleza es proveer y sanar. El escenario cambia, pero Su carácter permanece intacto.

La fe no se alimenta de la nostalgia: Es hermoso recordar el ayer, pero la fe se ejercita en el presente. Dios no es solo el Dios de nuestros "días de juventud" o de nuestros momentos de éxito; Él sigue estando en nuestra vida hoy, aunque ahora caminemos a oscuras y Su presencia se sienta como un misterio.

Las bendiciones pasadas son promesas para el futuro: Cada favor que Dios nos mostró en los tiempos de paz es una garantía de Su fidelidad. Los desiertos son estaciones, no destinos finales. La lámpara que una vez brilló sobre nuestra cabeza no se ha apagado para siempre; está guardada para el momento oportuno.

No usemos nuestros recuerdos felices como un arma para reprocharle a Dios nuestro presente. Mirémoslos, en cambio, como la evidencia innegable de que servimos a un Dios que sabe bendecir, que cuida de los suyos y que tiene la última palabra sobre nuestra historia. El mismo Dios que estuvo en nuestros años de abundancia está con nosotros en nuestra noche más larga.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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