UN MOMENTO CON DIOS
Cuatro Pasos para la Paz
Interior
Salmo 37. 3 - 7
«Confía en Jehová, y haz el bien… Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará… Guarda silencio ante Jehová, y espera en él…»
El Salmo 37, escrito por David
en su vejez, es una sabiduría destilada por los años. Comienza con una
advertencia muy actual: «No te alteres con motivo de los malignos». Es fácil
mirar a nuestro alrededor y sentir frustración o envidia al ver que a las
personas sin escrúpulos les va bien, mientras que quienes intentan hacer lo
correcto enfrentan dificultades.
El desgaste emocional de
compararnos con los demás nos roba la paz y debilita nuestra fe. Por eso, en
los versículos del 3 al 7, el salmista desvía nuestra mirada de lo que hacen
los demás y nos regala una maravillosa ruta de cuatro pasos prácticos para
enfocar nuestra energía en la presencia de Dios.
Estos versículos funcionan
como una guía progresiva para experimentar el descanso divino en medio de un
mundo caótico:
Confiemos y actuemos (v. 3):
La verdadera confianza no es pasiva; se traduce en acción. David nos dice:
«Confía en Jehová, y haz el bien». Cuando la ansiedad por el futuro nos
paralice, la mejor terapia es seguir obedeciendo a Dios y servir a quienes nos
rodean.
Cambiemos el objeto de nuestro
deseo (v. 4): «Deléitate asimismo en Jehová». Deleitarse significa encontrar
nuestro mayor placer y alegría en Su presencia, no en Sus bendiciones. Cuando
Dios es nuestro máximo deleite, nuestros deseos se alinean con los Suyos, y Sus
respuestas satisface por completo el corazón.
Soltemos el control (v. 5):
«Encomienda a Jehová tu camino». La palabra hebrea para "encomendar"
significa literalmente "entregar una carga" de encima de nosotros
hacia otra persona. Implica transferirle el control de nuestro futuro, nuestra
familia o nuestra carrera a Dios y confiar en que «él hará».
Bajemos el volumen del mundo
(v. 7): «Guarda silencio ante Jehová, y espera en él». El silencio y la
paciencia son las pruebas de fuego de la madurez espiritual. Significa apagar
las quejas y las prisas para permitir que Dios actúe a Su tiempo.
La ansiedad suele ser el
resultado de intentar cargar con un peso que solo le pertenece a Dios.
¿Qué
situación nos está alterando o quitando el sueño hoy?
Apliquemos
la ruta del salmo de manera consciente: Confiemos en Su cuidado, busquemos el
gozo en Su presencia, pongamos esa preocupación a Sus pies y hagamos silencio
en la oración, renunciando a la necesidad de controlar los resultados.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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