UN MOMENTO CON DIOS
Esperar en Dios
Salmo 27. 1, 4, 14
«Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?... Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida...»
El Salmo 27 es uno de los
cantos más honestos y poderosos de David. No fue escrito desde la comodidad de
un palacio, sino en medio del peligro, rodeado de ejércitos enemigos, falsos
testigos y amenazas de guerra. Sin embargo, el salmo no empieza describiendo el
tamaño del problema, sino el tamaño de Dios.
El miedo es una emoción
paralizante que distorsiona la realidad, haciendo que los obstáculos parezcan
gigantes y Dios parezca pequeño. David rompe ese ciclo de ansiedad de inmediato
al declarar que el Señor es su luz (dirección en la oscuridad), su salvación
(rescate en el peligro) y la fortaleza de su vida (refugio inexpugnable). Si
Dios llena por completo el panorama, el miedo simplemente no encuentra espacio
donde habitar.
Este salmo nos entrega dos
secretos espirituales fundamentales para mantener la paz mental y la firmeza en
tiempos difíciles:
El enfoque de «una sola cosa»
(Versículo 4): En lugar de abrumarse con una lista interminable de peticiones
para resolver sus problemas, David reduce toda su existencia a una sola
prioridad, habitar en la presencia de Dios para contemplar su hermosura. Cuando
nuestra prioridad número uno es buscar la intimidad con el Señor, nuestras
batallas diarias comienzan a ordenarse por sí solas. La adoración cambia
nuestra perspectiva.
La disciplina de la espera
(Versículo 14): El salmo cierra con una exhortación imperativa: «Aguarda a
Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová». En nuestra
cultura de la inmediatez, esperar se siente como una pérdida de tiempo. Sin
embargo, la espera bíblica no es pasiva ni resignada; es una expectativa activa
y confiada. Mientras tú esperas, Dios trabaja en los detalles que nosotros no podemos
ver.
A menudo corremos de un lado a
otro buscando soluciones humanas a crisis que solo se resuelven de rodillas.
Cambiemos nuestra mirada, si
hoy nos sentimos rodeado por la incertidumbre o los problemas, hagamos una
pausa. En lugar de mirar la tormenta, repitamos en voz alta el versículo 1:
"El Señor es mi luz y mi salvación".
Simplifiquemos nuestra agenda
espiritual, no saturemos nuestras oraciones con quejas. Dediquemos unos minutos
solo a adorar a Dios por quién es Él, contemplando Su bondad.
Hagamos lo que hagamos, no nos
apresuremos ni nos desesperemos. El final de nuestra historia no lo deciden nuestras
circunstancias, sino la fidelidad del Dios en quien hemos confiado.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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