jueves, 18 de junio de 2026

Un momento... Esperar en Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

 Esperar en Dios

 

Salmo 27. 1, 4, 14

 

«Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?... Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida...»

 

El Salmo 27 es uno de los cantos más honestos y poderosos de David. No fue escrito desde la comodidad de un palacio, sino en medio del peligro, rodeado de ejércitos enemigos, falsos testigos y amenazas de guerra. Sin embargo, el salmo no empieza describiendo el tamaño del problema, sino el tamaño de Dios.

El miedo es una emoción paralizante que distorsiona la realidad, haciendo que los obstáculos parezcan gigantes y Dios parezca pequeño. David rompe ese ciclo de ansiedad de inmediato al declarar que el Señor es su luz (dirección en la oscuridad), su salvación (rescate en el peligro) y la fortaleza de su vida (refugio inexpugnable). Si Dios llena por completo el panorama, el miedo simplemente no encuentra espacio donde habitar.

Este salmo nos entrega dos secretos espirituales fundamentales para mantener la paz mental y la firmeza en tiempos difíciles:

El enfoque de «una sola cosa» (Versículo 4): En lugar de abrumarse con una lista interminable de peticiones para resolver sus problemas, David reduce toda su existencia a una sola prioridad, habitar en la presencia de Dios para contemplar su hermosura. Cuando nuestra prioridad número uno es buscar la intimidad con el Señor, nuestras batallas diarias comienzan a ordenarse por sí solas. La adoración cambia nuestra perspectiva.

La disciplina de la espera (Versículo 14): El salmo cierra con una exhortación imperativa: «Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová». En nuestra cultura de la inmediatez, esperar se siente como una pérdida de tiempo. Sin embargo, la espera bíblica no es pasiva ni resignada; es una expectativa activa y confiada. Mientras tú esperas, Dios trabaja en los detalles que nosotros no podemos ver.

A menudo corremos de un lado a otro buscando soluciones humanas a crisis que solo se resuelven de rodillas.

Cambiemos nuestra mirada, si hoy nos sentimos rodeado por la incertidumbre o los problemas, hagamos una pausa. En lugar de mirar la tormenta, repitamos en voz alta el versículo 1: "El Señor es mi luz y mi salvación".

Simplifiquemos nuestra agenda espiritual, no saturemos nuestras oraciones con quejas. Dediquemos unos minutos solo a adorar a Dios por quién es Él, contemplando Su bondad.

Hagamos lo que hagamos, no nos apresuremos ni nos desesperemos. El final de nuestra historia no lo deciden nuestras circunstancias, sino la fidelidad del Dios en quien hemos confiado.

Dios les bendiga abundantemente.

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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