UN MOMENTO CON DIOS
La Justicia de Dios
Job 21. 17 - 21
«¿Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos, y viene sobre ellos su destrucción, y Dios en su ira les reparte dolores? Serán como la paja delante del viento, y como el tamo que arrebata la tempestad...»
A veces miramos a nuestro
alrededor y nos asalta una duda honesta: ¿Por qué parece que a los que hacen el
mal les va tan bien? Job se encontraba en medio de un dolor profundo,
debatiendo con sus amigos que insistían en que el sufrimiento solo les llega a
los pecadores. En estos versículos, Job desafía esa lógica simplista y nos
invita a mirar la realidad con honestidad.
Job pregunta: «¿Cuántas veces
es apagada la lámpara de los impíos?». La respuesta implícita es: no tan a
menudo como quisiéramos o pensaríamos. A veces, quienes viven de espaldas a
Dios prosperan, mientras que los fieles enfrentan tormentas. Job reconoce que
la justicia de Dios no siempre opera bajo nuestros plazos de entrega inmediata.
Este pasaje nos deja tres
verdades fundamentales para el corazón:
La prosperidad material no es
sinónimo de aprobación divina: Que a alguien le vaya bien económicamente o no
tenga problemas visibles no significa que su alma esté en paz con el Creador.
La fragilidad del mal: Job usa
las metáforas de la paja delante del viento y el tamo. Aunque la vida del impío
parezca sólida, ante la eternidad es ligera, vana y carece de peso real. Sin
Dios, cualquier éxito es temporal.
La justicia es individual: El
versículo 19 habla de que Dios «le dará su pago para que lo conozca». No
podemos heredar la culpa ni la comunión con Dios de nuestros padres; cada uno
responderá ante Él.
No nos desanimemos si vemos
injusticia. La justicia de Dios es perfecta, pero corre en el tiempo de la
eternidad, no en el nuestro. No midamos el amor de Dios hacia nosotros basados
en nuestras circunstancias actuales, sino en la fidelidad de Su carácter.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario