UN MOMENTO CON DIOS
La Voz de Dios en la Tormenta
Job 37. 1 - 5
«Por eso también se estremece mi corazón, y salta de su lugar. Oíd atentamente el estrépito de su voz, y el sonido que sale de su boca. Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los confines de la tierra. Después de ella ruge el sonido, truena él con la voz de su majestad... Dios truena maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos».
En este capítulo, Eliú nos
invita a mirar al cielo y contemplar el poder de Dios a través de los fenómenos
climáticos: el trueno que hace temblar el pecho, el relámpago que cruza el
horizonte, la nieve que cubre la tierra y el torbellino que demuestra una
fuerza incontenible. Para Eliú, la naturaleza no es un sistema mecánico que
funciona al azar; es la manifestación visible del poder del Creador.
Cuando estamos atravesando
crisis personales, tendemos a volvernos "miopes espirituales": solo
logramos ver nuestro problema, nuestra debilidad y el gigantismo de la tormenta
que nos rodea. Job estaba atrapado en esa mirada hacia adentro. Este pasaje
funciona como un cable a tierra que nos obliga a levantar la cabeza. Nos
recuerda que el Dios al que servimos no es una idea abstracta ni un ser
debilitado por nuestras circunstancias; Su poder es activo, soberano y colosal.
La descripción del poder
divino en Job 37 nos deja tres enseñanzas fundamentales para nuestra fe:
El control absoluto de los
tiempos: Dios ordena a la nieve «cae sobre la tierra», y al viento helado que
sople (v. 6). Si Él gobierna con precisión las estaciones del planeta, también
tiene el control absoluto de las estaciones de tu vida: el invierno del dolor
pasará cuando Él lo ordene.
Nuestra mente es limitada ante
Su grandeza: El versículo 5 es contundente: «él hace grandes cosas, que
nosotros no entendemos». Intentar encajar los planes eternos de Dios en nuestra
lógica humana es como querer meter el océano en un vaso de agua. La paz llega
cuando dejamos de intentar entenderlo todo y empezamos a confiar.
El poder de Dios se equilibra
con Su justicia: Hacia el final del capítulo, Eliú nos recuerda que este Dios
todopoderoso no usa su fuerza de manera caprichosa; Él es «grande en poder y en
juicio, y en multitud de justicia» (v. 23). Su poder siempre opera bajo el
marco de Su amor y Su rectitud.
Si el Dios al que seguimos
tiene el poder de hacer tronar los cielos y dirigir los relámpagos hasta los
confines de la tierra, ¿habrá algo que escape de Sus manos en nuestra vida? Nuestro
problema actual puede ser grande, pero el Dios que nos sostiene es
infinitamente mayor.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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