miércoles, 3 de junio de 2026

Un momento... Ser honestos con Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Ser honestos con Dios

 

 

«Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma» (Job 7. 11)

 

En lugar de fingir una paz que no sentía, Job se vacía ante su Creador.

A menudo pensamos que para acercarnos a Dios debemos usar palabras solemnes o reprimir el llanto y la frustración. Sin embargo, la oración de Job nos enseña que el Señor prefiere un lamento honesto antes que una alabanza hipócrita. Él conoce nuestra estructura y sabe que somos polvo; no rechaza nuestro dolor, sino que nos invita a entregárselo sin filtros.

En medio de su sufrimiento, Job siente que la atención de Dios sobre él es asfixiante. Pregunta: «¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?» (Job 7. 17). En su perspectiva distorsionada por la aflicción, la mirada vigilante de Dios se siente como la de un juez severo que no lo deja ni "tragar saliva".

La depresión y el dolor crónico tienen el poder de nublar nuestra visión espiritual. Es completamente normal que, en las temporadas de crisis prolongadas, malinterpretemos las intenciones de Dios y sintamos que se ha vuelto nuestro enemigo.

El valor de este texto es que nos valida, está bien sentir que no podemos más y está bien expresárselo a Él.

Job cierra el capítulo deseando la muerte, sintiendo que su vida es solo un soplo. Aunque en este punto él no ve la salida, el desenlace de su historia nos recuerda que el sufrimiento tiene fecha de caducidad.

Lo que hoy parece eterno es, en la perspectiva divina, una temporada de transición.

Clamar a Dios en medio de la amargura no es falta de fe; es saber a quién acudir cuando ya no nos quedan fuerzas. No nos guardemos el dolor ni nos alejemos de Él por vergüenza a nuestras dudas. El mismo Dios que escuchó los lamentos de Job está listo para abrazar nuestra vulnerabilidad hoy.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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