UN MOMENTO CON DIOS
Todo le pertenece a Dios
Salmo 24. 1, 3 - 4
«De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan... ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El que es limpio de manos y puro de corazón...»
El Salmo 24 es un himno
majestuoso, posiblemente escrito por David para celebrar el regreso del Arca de
la Alianza a Jerusalén. Comienza con una declaración contundente que destruye
cualquier intento humano de sectarismo o propiedad: todo le pertenece a Dios.
El planeta, los recursos, las naciones y cada latido de nuestro corazón tienen
el sello de su autoría.
Sin embargo, lo asombroso de
este poema no es solo la inmensidad del Dios creador, sino su deseo de
relacionarse con nosotros. El Dios del universo no está distante en las
galaxias; Él ha establecido un «lugar santo» y nos invita a subir a Su monte
para experimentar Su presencia.
Este salmo nos marca una ruta
clara para vivir una espiritualidad genuina y desbordante a través de tres
llamados específicos:
La condición del acceso
(Versículos 3-4): Al igual que en el Salmo 15, la pregunta sobre quién puede
acercarse a Dios se responde con el carácter. Se nos pide «manos limpias»
(nuestras acciones externas) y «corazón puro» (nuestras motivaciones internas).
No podemos presentarnos ante el Rey adorando los domingos mientras sostenemos
el engaño o la vanidad el resto de la semana. La gracia de Jesús limpia
nuestras manos y purifica nuestro ser para hacernos aptos.
La recompensa de buscarle
(Versículos 5-6): Quienes buscan el rostro de Dios no se van con las manos
vacías. El salmo promete que recibirán bendición y justicia. Buscar a Dios es
el negocio más seguro para el alma.
Darle la bienvenida al Rey
(Versículos 7-10): El salmo cierra con un clamor profético: «¡Alzad, oh
puertas, vuestras cabezas!». El Rey de gloria, fuerte y valiente en batalla,
quiere entrar. En la antigüedad, las puertas de las ciudades se abrían de par
en par para recibir al ejército victorioso; hoy, ese llamado es para los portales
de nuestra vida.
A menudo nos desgastamos
peleando batallas emocionales, financieras o familiares con nuestras propias
fuerzas, olvidando quién es el verdadero dueño del escenario.
Identifiquemos qué áreas de nuestra
vida mantenemos cerradas bajo llave. ¿Nuestro futuro? ¿Nuestras finanzas? ¿Nuestras
heridas del pasado? Permitamos que el Rey de gloria entre a gobernar allí.
Hoy es un buen día para
pedirle al Espíritu Santo que evalúe si nuestras manos y nuestro corazón están
alineados con Su verdad, pidiendo perdón donde sea necesario.
Cuando el Rey de gloria toma
el control, los muros caen y la victoria está asegurada.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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