jueves, 11 de junio de 2026

Un momento... El peligro de justificarnos a nosotros mismos

 


UN MOMENTO CON DIOS

El Peligro de Justificarnos a nosotros mismos

 

Job 34. 1 - 9

 

«¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua, y va en compañía con los que hacen iniquidad...? Porque ha dicho: "De nada servirá al hombre el deleitarse en Dios". Por tanto, varones de entendimiento, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad...»

 

Después de que los tres amigos de Job guardaron silencio, un joven llamado Eliú tomó la palabra. A diferencia de los otros, Eliú no acusa a Job de haber sufrido por causa de un pecado del pasado, sino que lo confronta por el pecado que está cometiendo en el presente de su dolor, la arrogancia. Eliú nota que, en su desesperación por defender su inocencia, Job ha cruzado una línea peligrosa, llegando a insinuar que Dios está siendo injusto con él.

Es fácil juzgar a Job desde la distancia, pero la realidad es que el dolor prolongado tiene una forma de desgastar nuestra humildad. Cuando las oraciones no reciben la respuesta que esperamos o cuando vemos que los que no buscan a Dios viven sin problemas, el orgullo puede susurrar al corazón: «He sido fiel en vano; Dios no está siendo justo conmigo». Al hacer esto, nos colocamos en el asiento del juez y sentamos al Creador en el banquillo de los acusados.

La fuerte reprensión de Eliú nos invita a examinar nuestro corazón ante la soberanía divina a través de estos puntos:

Defender nuestra inocencia no debe implicar acusar a Dios: Job tenía derecho a sentirse herido, pero su error comenzó cuando, para justificarse a sí mismo, comenzó a cuestionar la rectitud y los motivos del Omnipotente.

El dolor no justifica la irreverencia: Atravesar una crisis nos da derecho a llorar, a quejarnos y a derramar el alma en honestidad, pero nunca nos da el derecho de perderle el respeto a Dios o asumir que sabemos más que Él.

Dios es más grande que nuestros argumentos: Eliú le recuerda a Job que Dios no tiene que rendirnos cuentas. Nuestra mente humana es demasiado limitada para comprender el mapa completo de Sus propósitos eternos.

Cuando pasemos por el desierto, cuidemos nuestras palabras. Está bien decirle a Dios: "Señor, me duele y no entiendo", pero es peligroso decirle: "Señor, te estás equivocando conmigo". Mantener la humildad en la prueba es la llave para que el sufrimiento nos pula en lugar de endurecernos.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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