martes, 2 de junio de 2026

Un momento... Cuando llegan las pruebas

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuando llegan las pruebas

 

«Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito» (Job 1. 21)

 

En la época de Job (y muchas veces la de hoy) se creía, que si sufrías, era porque habías hecho algo malo. Sin embargo, el texto deja claro que la crisis de Job no fue un castigo. Dios mismo da testimonio de su fidelidad.

Aceptar esto nos libera de la culpa destructiva. Hay temporadas difíciles que no entendemos, procesos que ocurren en una dimensión espiritual que no alcanzamos a ver. La prueba no mide tu valor para Dios; muchas veces, purifica y expande tu capacidad de confiar en Él cuando la lógica humana falla.

Satanás desafía a Dios argumentando que Job solo le sirve por conveniencia, por la "cerca" de protección y bendición que lo rodea. El enemigo asegura que, si le quitan los bienes, Job maldecirá a Dios.

Esto nos revela el verdadero propósito detrás de los ataques espirituales, no es destruir nuestras finanzas o nuestra salud, sino quebrar nuestra relación con el Creador.

La prueba nos obliga a hacernos la pregunta más honesta: ¿Amamos a Dios por lo que nos da, o por quién es Él? La fe madura brilla cuando elegimos sostenernos de Su mano, incluso cuando Sus manos parecen no estar dándonos nada material en ese momento.

La reacción de Job al recibir las trágicas noticias redefine lo que significa pasar por el crisol. Él no reacciona con ira, resentimiento o negación. El texto dice que se rasgó el manto y se rasuró la cabeza (expresiones genuinas de su profundo dolor), pero acto seguido, se postró en tierra y adoró.

Job entendió que nada de lo que tenía era realmente suyo; todo era un préstamo de la gracia divina. En lugar de reclamar sus derechos perdidos, adoró al Dueño de su vida. El dolor de la pérdida es real, pero la soberanía de Dios es eterna. En tu prueba de hoy, recuerda: el escenario puede cambiar, pero la fidelidad de nuestro Dios permanece intacta.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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