martes, 16 de junio de 2026

Un momento... ¿Quién puede acercarse a Dios?

 

 


UN MOMENTO CON DIOS

¿Quién puede acercarse a Dios?

 

Salmo 15. 1 - 2

 

«Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón».

 

El Salmo 15 no empieza con una alabanza, sino con una pregunta crucial que sacude nuestra rutina espiritual: ¿Quién califica para estar en la presencia de Dios?

En la antigüedad, el tabernáculo era el lugar terrenal donde residía la gloria divina.

Hoy, gracias a Jesús, el Espíritu Santo habita en nosotros, pero la pregunta sigue siendo vital: ¿Refleja nuestra vida diaria esa comunión íntima con un Dios santo?

David no responde a esta pregunta con una lista de rituales religiosos, sacrificios o memorización de leyes. La respuesta de Dios apunta directamente al carácter y a las relaciones interpersonales. A Dios le importa profundamente cómo tratamos a los demás cuando nadie nos está mirando.

Este salmo nos ofrece un plano detallado de cómo luce una vida que agrada al Señor, dividida en tres áreas prácticas:

La verdad en el interior: El versículo 2 dice que el ciudadano del reino «habla verdad en su corazón». No se trata solo de no mentir hacia afuera, sino de no autoengañarse. La comunión con Dios florece en un corazón que ama la honestidad brutal consigo mismo y con su Creador.

El poder de nuestras palabras: Los versículos 3 y 4 nos desafían a evaluar nuestra lengua. Quien habita con Dios no calumnia, no hace mal a su prójimo, ni propaga chismes. En un mundo donde destruir la reputación de otros con un comentario es tan fácil, el creyente cuida sus palabras como un acto de adoración.

Fidelidad y generosidad: El salmo cierra destacando a quien cumple su palabra incluso cuando le cuesta dinero, y a quien no se aprovecha de la necesidad del vulnerable. La verdadera espiritualidad se nota en el manejo de nuestras finanzas y compromisos.

Vivir el Salmo 15 no es un intento humano por ganar la salvación (la cual ya tenemos por gracia), sino la respuesta natural de un corazón transformado. Hoy podemos evaluar nuestro caminar con estas preguntas:

¿Son mis palabras un bálsamo para los que me rodean o solemos dar cabida al chisme?

¿Cumplimos nuestras promesas en el trabajo y la familia, aunque requiera un sacrificio extra?

Cuando decidimos caminar en esta santidad práctica, el salmo termina con una promesa inquebrantable: «El que hace estas cosas, no resbalará jamás». Nuestra estabilidad no depende de las circunstancias, sino de la roca sobre la que edificamos nuestro carácter.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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