UN MOMENTO CON DIOS
¿Quién puede acercarse a Dios?
Salmo 15. 1 - 2
«Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón».
El Salmo 15 no empieza con una
alabanza, sino con una pregunta crucial que sacude nuestra rutina espiritual:
¿Quién califica para estar en la presencia de Dios?
En la antigüedad, el
tabernáculo era el lugar terrenal donde residía la gloria divina.
Hoy, gracias a Jesús, el
Espíritu Santo habita en nosotros, pero la pregunta sigue siendo vital:
¿Refleja nuestra vida diaria esa comunión íntima con un Dios santo?
David no responde a esta
pregunta con una lista de rituales religiosos, sacrificios o memorización de
leyes. La respuesta de Dios apunta directamente al carácter y a las relaciones
interpersonales. A Dios le importa profundamente cómo tratamos a los demás
cuando nadie nos está mirando.
Este salmo nos ofrece un plano
detallado de cómo luce una vida que agrada al Señor, dividida en tres áreas
prácticas:
La verdad en el interior: El
versículo 2 dice que el ciudadano del reino «habla verdad en su corazón». No se
trata solo de no mentir hacia afuera, sino de no autoengañarse. La comunión con
Dios florece en un corazón que ama la honestidad brutal consigo mismo y con su
Creador.
El poder de nuestras palabras:
Los versículos 3 y 4 nos desafían a evaluar nuestra lengua. Quien habita con
Dios no calumnia, no hace mal a su prójimo, ni propaga chismes. En un mundo
donde destruir la reputación de otros con un comentario es tan fácil, el
creyente cuida sus palabras como un acto de adoración.
Fidelidad y generosidad: El
salmo cierra destacando a quien cumple su palabra incluso cuando le cuesta
dinero, y a quien no se aprovecha de la necesidad del vulnerable. La verdadera
espiritualidad se nota en el manejo de nuestras finanzas y compromisos.
Vivir el Salmo 15 no es un
intento humano por ganar la salvación (la cual ya tenemos por gracia), sino la
respuesta natural de un corazón transformado. Hoy podemos evaluar nuestro
caminar con estas preguntas:
¿Son mis palabras un bálsamo
para los que me rodean o solemos dar cabida al chisme?
¿Cumplimos nuestras promesas
en el trabajo y la familia, aunque requiera un sacrificio extra?
Cuando decidimos caminar en
esta santidad práctica, el salmo termina con una promesa inquebrantable: «El
que hace estas cosas, no resbalará jamás». Nuestra estabilidad no depende de
las circunstancias, sino de la roca sobre la que edificamos nuestro carácter.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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