UN MOMENTO CON DIOS
El Dios que humilla y enaltece
Salmo 75. 4 - 8
"No hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con orgullo... Porque ni de oriente ni de occidente... viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece."
El Salmo 75 es un recordatorio
contundente de que el control del universo no está en manos humanas, sino en el
tribunal divino. En una cultura que constantemente nos empuja a la auto - promoción,
al orgullo y a buscar el reconocimiento a cualquier precio, estos versículos
actúan como un cable a tierra necesario para el alma.
El salmista confronta
directamente a los jactanciosos diciendo: "No levantéis en alto vuestro
cuerno". En el contexto bíblico, el "cuerno" simboliza la
fuerza, el poder y el orgullo de un animal o de un guerrero. Levantar el cuerno
con arrogancia es el reflejo de un corazón que cree que ha logrado el éxito por
sus propios méritos. La enseñanza aquí es clara, el orgullo nos ciega ante
nuestra propia vulnerabilidad y nos desconecta de la dependencia de Dios.
Solemos buscar la validación,
las oportunidades o el ascenso mirando a nuestro alrededor, el favor de las
personas, las conexiones correctas o las estrategias humanas ("ni de
oriente ni de occidente"). Sin embargo, el texto nos revela una verdad
liberadora: la verdadera promoción viene de Dios.
Él es el Juez justo. Dios sabe
cuándo levantar a alguien y cuándo frenarlo. Esta verdad quita el peso de tener
que "competir" o "manipular" las circunstancias para salir
adelante; nuestra única tarea es ser fieles, porque la recompensa y el tiempo
perfecto le pertenecen a Él.
El pasaje cierra con una
imagen sobria: una copa en la mano de Dios llena de vino. Representa el juicio
divino contra la maldad y la injusticia. Aunque a veces parece que los
arrogantes prosperan sin límites, el Salmo nos asegura que la justicia de Dios
llegará.
El verdadero éxito a los ojos
de Dios no se mide por cuánto escalamos, sino por cuán bajo sabemos doblar
nuestras rodillas. Si estamos esperando una oportunidad, un ascenso o justicia
en una situación particular, no usemos las armas del orgullo o la manipulación.
Descansemos en la soberanía del Juez.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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