UN MOMENTO CON DIOS
La Verdad detrás del Silencio
"Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes de corazón maquináis iniquidades en la tierra; hacéis pesar la violencia de vuestras manos. Se descarriaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron." (Salmo 58. 1 – 3)
David comienza confrontando
directamente a los líderes, jueces y gobernantes de su época, lanzando dos
preguntas punzantes que resuenan hasta el día de hoy: ¿Pronunciáis en verdad
justicia? ¿Juzgáis rectamente?
El silencio de los acusados
confirma la sospecha del salmista. Aquellos que tenían la sagrada
responsabilidad de proteger al inocente y castigar al malvado estaban haciendo
todo lo contrario. La raíz del problema no era un error administrativo; era una
condición del corazón. El versículo 2 revela que, antes de actuar, ellos ya
venían maquinando la iniquidad en lo íntimo, usando su poder e influencia para
balancear la balanza a favor de la violencia y el beneficio propio.
David profundiza en la
naturaleza humana y nos recuerda una verdad teológica ineludible: la
inclinación hacia el mal no es un accidente del camino, sino una herencia de
nuestra propia naturaleza caída ("se descarriaron desde la matriz").
El ser humano, alejado de la gracia redentora de Dios, tiende naturalmente a
fabricar sus propios estándares de conveniencia, justificando la mentira y
disfrazando la injusticia de legalidad.
Este pasaje nos recuerda que
Dios aborrece la hipocresía institucional y personal. Él ve detrás de las
apariencias y las investiduras, examinando las verdaderas intenciones que guían
nuestras acciones y palabras.
Este texto bíblico nos
confronta en nuestra vida diaria a través de dos principios fundamentales:
El silencio puede ser
cómplice: No necesitamos ser un juez en una corte para aplicar este salmo.
Cuando callamos ante la injusticia que sufre un compañero de trabajo, cuando
participamos de chismes que destruyen la reputación de alguien o cuando mentimos
para proteger nuestros propios intereses, estamos operando bajo el mismo
espíritu que David denuncia. La verdadera rectitud requiere el valor de hablar
y actuar con la verdad.
Nuestras acciones externas son
solo el resultado de lo que ya hemos cultivado en la mente.
¿Qué estamos albergando en nuestro
interior? ¿Hay resentimiento, deseos de venganza o planes egoístas? Entreguemos
hoy mismo nuestros pensamientos al Señor antes de que se conviertan en acciones
que dañen a otros.
Dios les bendiga abundantemente.
Si estás alejado
o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta
oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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