UN MOMENTO CON DIOS
Nuestro Refugio en la juventud
y en la vejez
Salmo 71. 1 - 6
"En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás... Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud."
El Salmo 71 es conocido como
el salmo del anciano o de la fidelidad de Dios a lo largo de la vida. Aunque el
autor enfrenta el desgaste de los años y el acecho de sus enemigos, su mirada
no está puesta en sus limitaciones, sino en el Dios que lo ha sostenido desde
el vientre materno.
Los primeros versículos son un
clamor de confianza: "En ti me he refugiado". El salmista no busca
protección en sus propias fuerzas, en sus logros pasados ni en riquezas, sino
en la fidelidad de Dios. En un mundo que margina la vulnerabilidad, el Señor se
presenta como una roca de refugio y una fortaleza siempre accesible. Cuando nos
sintamos desprotegidos o incomprendidos, recordemos que Dios es esa habitación
segura a la que siempre podemos "acudir continuamente".
El versículo 5 contiene una
declaración hermosa: "Tú eres mi esperanza, seguridad mía desde mi
juventud". Hay un poder inmenso en recordar nuestro historial con Dios. El
salmista puede mirar hacia atrás y ver la mano divina sosteniéndolo en cada
etapa.
Si hoy nos enfrentamos a la
incertidumbre del futuro, la vejez, la enfermedad o la debilidad, hagamos
memoria de las victorias pasadas. El Dios que nos sostuvo ayer es el mismo que
está con nosotros hoy.
El clímax de este pasaje llega
en el versículo 6, donde el autor reconoce que su dependencia de Dios comenzó
mucho antes de que él tuviera conciencia: "Por ti he sido sustentado desde
el vientre". Nuestra existencia no es un accidente. Dios nos ha cargado en
Sus brazos desde antes de que naciéramos, y su compromiso de cuidarnos no tiene
fecha de caducidad.
Este pasaje nos enseña que la
verdadera seguridad no depende de nuestras capacidades físicas o
circunstancias, sino de la identidad de nuestro Refugio. La fe no es solo para
los momentos de crisis, es un estilo de vida que se cultiva desde la juventud y
da frutos de paz en la madurez.
No importa en qué etapa de la
vida nos encontremos hoy, si estamos empezando el camino o si las fuerzas
comienzan a fallar. El Señor sigue siendo nuestra roca.
Dios les bendiga abundantemente.
Si
estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios
has esta oración:
Señor
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego
mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites
en mí por siempre. Amén.

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