UN MOMENTO CON DIOS
La verdadera libertad
“Así que, si el Hijo los libera, serán verdaderamente libres.” (Juan 8. 36)
La verdadera libertad es un
anhelo profundo del ser humano. Desde siempre, el hombre ha buscado liberarse
de cadenas externas: la opresión, la injusticia, la esclavitud. Sin embargo,
muchas veces se pasa por alto que existen ataduras internas más poderosas: el
pecado, el miedo, la culpa, el egoísmo. Es en este contexto que la libertad que
Dios ofrece adquiere su pleno significado.
En Juan 8. 36, Jesús dice:
“Así que, si el Hijo los libera, serán verdaderamente libres.” Este versículo
nos revela que la libertad auténtica no es simplemente hacer lo que uno quiere,
sino vivir conforme al propósito para el cual fuimos creados. La libertad en
Dios no es libertinaje, sino una vida guiada por el amor, la verdad y la
justicia. Es liberarse del dominio del pecado para vivir en comunión con Aquel
que da sentido a nuestra existencia.
Dios no nos obliga ni nos
manipula; nos llama con amor a una vida plena. Al entregarle nuestra voluntad,
lejos de perder libertad, la encontramos. Paradójicamente, al rendirnos a Dios,
descubrimos quiénes somos realmente. Su verdad nos libera de la esclavitud del
“yo”, de la necesidad constante de aprobación, del peso de las expectativas
humanas, y del vacío que deja una vida sin propósito.
Esta libertad también se
manifiesta en la capacidad de perdonar, de amar sin condiciones, de servir sin
esperar recompensa, y de vivir sin miedo al futuro. Es una libertad que trasciende
las circunstancias externas, porque está arraigada en el corazón. Incluso en
medio del dolor o la adversidad, quienes confían en Dios pueden experimentar
una libertad interior que el mundo no puede ofrecer.
Aceptar la libertad que Dios
da es aceptar ser transformados. Es caminar cada día bajo su gracia, sabiendo
que ya no estamos encadenados al pasado, ni a la culpa, ni a la condena. Es
vivir como hijos libres, redimidos y amados. La verdadera libertad no está en
hacer nuestra voluntad, sino en hacer la voluntad de Aquel que nos creó por
amor y para amar. Solo en Él encontramos la libertad que realmente satisface.
Dios les bendiga
abundantemente.

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