UN MOMENTO CON DIOS
Adoremos solo a Dios
“No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol, la luna y las estrellas, todo el ejército del cielo, seas impulsado a adorarlos y servirlos, cosas que el Señor tu Dios ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.” (Deuteronomio 4. 19)
Este versículo del libro de
Deuteronomio nos ofrece una advertencia clara y atemporal sobre el peligro de
la idolatría. Moisés exhorta al pueblo de Israel a no dejarse llevar por la
contemplación de los astros, el sol, la luna y las estrellas al punto de
rendirles culto. No deben ocupar el lugar que le pertenece solo a Dios. Él es
el Creador, mientras que el sol y los astros son solo parte de su creación.
En la antigüedad, muchas
culturas adoraban a estos cuerpos celestes, considerándolos dioses con poder
sobre la vida y la naturaleza. Sin embargo, el mensaje de Moisés establece una
diferencia crucial: el pueblo de Dios está llamado a rendir culto únicamente al
Señor, quien está por encima de toda la creación. Este llamado a la fidelidad
también es relevante hoy, en una sociedad que a menudo idolatra cosas creadas,
como el dinero, el poder, la fama o incluso la ciencia, colocándolas en el
lugar de Dios.
El pasaje también nos recuerda
que la creación, aunque admirable, no debe convertirse en el objeto de nuestra
adoración. Todo lo creado debe dirigirnos al Creador. Los cielos pueden
inspirar asombro, pero su propósito es señalar la grandeza de Dios, no
reemplazarlo. Al observar la naturaleza, estamos llamados a glorificar a quien
la hizo, no a la naturaleza misma.
Finalmente, este versículo nos
invita a revisar nuestro corazón: ¿hay algo en nuestra vida que esté ocupando
el lugar de Dios? ¿Estamos adorando la obra en lugar del Creador? Que nuestra
mirada al cielo nos lleve no a la idolatría, sino a una mayor reverencia,
obediencia y adoración al único Dios verdadero, quien hizo los cielos y todo lo
que hay en ellos.
Dios les bendiga
abundantemente.

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