jueves, 7 de agosto de 2025

Un momento... La falta de misericordia

 


UN MOMEMTO CON DIOS

La falta de misericordia

 

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” (mateo 5. 7)

 

La falta de misericordia es uno de los males más silenciosos pero devastadores en nuestras relaciones personales y como sociedad. Cuando el corazón humano se endurece y deja de mirar al otro con compasión, se rompe el vínculo que nos une como hermanos y se apaga la luz del amor de Dios en nosotros.

La misericordia no es debilidad, ni indulgencia injusta. Es la capacidad de ver al otro en su fragilidad y dolor, y actuar con comprensión, perdón y amor. Cuando falta la misericordia, reina el juicio, la crítica destructiva, la indiferencia y, muchas veces, la violencia. Nos volvemos jueces severos de los errores ajenos, sin considerar nuestras propias faltas. Jesús mismo lo advirtió en Mateo 5. 7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” La falta de misericordia nos aleja del corazón de Dios, porque Él es misericordioso por esencia.

En las Escrituras, vemos cómo los fariseos, expertos en la Ley, muchas veces carecían de misericordia. Se centraban en el cumplimiento externo de normas, olvidando el amor, la comprensión y el perdón. Jesús los confrontó porque preferían condenar que levantar al caído. Hoy en día, podemos caer en esa misma actitud cuando señalamos los errores de otros sin tenderles una mano, cuando juzgamos sin conocer, o cuando negamos una segunda oportunidad.

La falta de misericordia también se manifiesta cuando no somos capaces de perdonar, cuando nos cerramos al dolor ajeno o cuando despreciamos a quienes consideramos inferiores. Esta actitud no solo hiere a los demás, sino que también nos endurece a nosotros mismos, robándonos la paz interior y la alegría del Evangelio.

Dios nos llama a ser reflejo de su amor misericordioso. Él no nos trata según nuestros pecados, sino que nos perdona, nos restaura y nos abraza como hijos. Si hemos recibido misericordia, ¿cómo no ofrecerla también? Que nunca falte en nosotros un corazón compasivo, dispuesto a comprender, perdonar y acompañar al que sufre. Solo así construiremos un mundo más humano, más justo y más parecido al Reino de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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