UN MOMENTO CON DIOS
Cada persona es importante
para Dios
“Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes.» Si solo aman a quienes los aman a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores aman a quienes los aman a ellos! Y si solo hacen bien a los que son buenos con ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores hacen eso!” (Lucas 6. 31 – 33)
Dios ve a cada persona con
amor y dignidad, sin importar su condición social o económica. A lo largo de la
Biblia, encontramos que Él se identifica con los más vulnerables, los pobres,
los marginados y los que sufren injusticia. En Proverbios 31. 8, se nos exhorta
a “hablar en favor de los que no pueden defenderse, por los derechos de los
desposeídos.” Este llamado nos recuerda que el corazón de Dios está con
aquellos que son despreciados por la sociedad.
Cuando alguien usa términos
despectivos como “fisura” para referirse a personas indigentes, está negando la
imagen de Dios en ellos. Jesús mismo, en Mateo 25. 40, nos enseña que lo que hacemos
por los más pequeños y necesitados, lo hacemos por Él. Dios no mide a las
personas por su éxito material, sino por su corazón y su disposición a recibir
Su gracia. La pobreza no es un signo de fracaso, sino una realidad que nos
llama a la compasión y la justicia.
Dios trata a cada persona con
misericordia y justicia. En el Salmo 34. 18, se nos dice que “el Señor está
cerca de los quebrantados de corazón y salva a los de espíritu abatido.” Él no
desprecia a nadie por su situación, sino que extiende Su mano para restaurar,
sanar y dar esperanza. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a reflejar
ese amor, a ver a cada persona con los ojos de Dios y a actuar con compasión.
La verdadera medida de una
sociedad no está en cómo trata a los poderosos, sino en cómo cuida a los más
vulnerables. Dios nos invita a ser agentes de Su justicia, a levantar la voz
contra la indiferencia y a extender Su amor a quienes más lo necesitan.
Dios les bendiga
abundantemente.

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