UN MOMENTO CON DIOS
Nuestro servicio silencioso
"Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron para habitar en Jerusalén". (Nehemías 11. 2)
La necesidad que surgía ahora,
era la de repoblar Jerusalén. La muralla estaba terminada y las puertas
colocadas, pero la ciudad seguía semivacía y vulnerable. Para solucionar esto,
los líderes tomaron una decisión, el diez por ciento de la población, elegido
por sorteo, dejaría sus cómodas tierras en las provincias para mudarse al centro
del peligro y de la obra de Dios.
Este capítulo alberga una
belleza espiritual profunda oculta tras una larga lista de nombres. Nos enseña
el valor del sacrificio voluntario y del anonimato en el servicio al Reino.
"Y bendijo el pueblo a
todos los varones que voluntariamente se ofrecieron para habitar en
Jerusalén".
De este acto de
desprendimiento podemos extraer tres lecciones vitales para nuestra vida hoy:
La incomodidad de la
obediencia: Vivir en las provincias era más seguro, tranquilo y próspero.
Mudarse a Jerusalén implicaba reconstruir casas desde cero, estar en la mira de
los enemigos y asumir responsabilidades pesadas. A menudo, Dios nos llamará a
salir de nuestra zona de confort para habitar los lugares donde Él nos
necesita. La comodidad es la enemiga silenciosa del propósito.
El valor del anonimato: El
capítulo está lleno de nombres difíciles de pronunciar que la historia humana
olvidó rápido, pero que Dios dejó registrados para la eternidad. Hombres como
los hijos de Benjamín, sacerdotes y levitas. Dios no busca celebridades; busca
obreros. Nuestro servicio silencioso, ese que nadie aplaude en la iglesia, en nuestra
familia o en nuestro trabajo, está escrito en el libro del Rey.
Sostener el altar requiere
presencia: Jerusalén era el lugar del templo y de la adoración. No bastaba con
enviar dinero o buenos deseos desde lejos; la ciudad necesitaba personas que la
habitaran y la defendieran. Dios no solo quiere nuestros recursos; nos quiere a
nosotros, presenten y comprometidos con Su cuerpo.
Nehemías 11 nos desafía a ser
parte de ese "diez por ciento" dispuesto a sacrificar nuestra
comodidad por la gloria de Dios. Cuando nos ofrecemos voluntariamente para las
tareas difíciles, nos convertimos en una bendición para toda la comunidad.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca
antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de
mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo
como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre.
Amén.

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