UN MOMENTO CON DIOS
El Triunfo de la Verdad sobre
la Usurpación
2 Crónicas 23
En un periodo donde la oscuridad parecía haber triunfado a través de la tiranía de Atalía, surge un movimiento de restauración que nos deja lecciones profundas para nuestra vida espiritual hoy.
Durante seis años, la promesa
de Dios para la casa de David pareció estar muerta. Atalía creía haber
exterminado a toda la descendencia real, pero en el lugar menos pensado, el
Templo, el pequeño Joás estaba siendo protegido.
Joiada, el sumo sacerdote, no
actuó con apresuramiento. Esperó el momento oportuno, fortaleció a los levitas
y organizó a los capitanes. A menudo, Dios permite periodos de
"escondite" en nuestras vidas donde parece que el mal lleva la
delantera. No obstante, en el silencio, Dios está preparando el escenario para
que Su verdad resplandezca. El tiempo de espera no es tiempo perdido; es tiempo
de preparación.
Lo más impactante de la
rebelión contra Atalía es que ocurrió en el contexto de la adoración. Joiada no
solo armó a los hombres; puso a los cantores en sus puestos y restauró el orden
del culto según las instrucciones de David.
Cuando Joás fue coronado, el
estruendo de las trompetas y los cantos de alabanza fueron lo que descolocó a
la usurpadora. Atalía gritó "¡Traición!", pero lo que realmente
estaba ocurriendo era la restauración del orden divino.
En nuestras propias batallas
contra el desánimo o la injusticia, la alabanza no es un escape de la realidad,
sino un arma poderosa que establece el gobierno de Dios en medio del caos.
Tras la caída de Atalía, el
capítulo termina con un pacto. Joiada hizo un compromiso entre el rey y el
pueblo de que serían "pueblo de Jehová".
No bastaba con quitar a la
reina mala; era necesario derribar los altares de Baal.
¿Hay alguna "¿Atalía” (un
hábito, un temor o una mentira) que ha usurpado el trono de nuestro corazón?
Dios es fiel a Sus promesas y
siempre preserva un remanente de verdad en nuestras vidas. Hoy, como en los
días de Joiada, se nos llama a tener el valor de declarar que el Rey legítimo, Jesucristo,
es quien debe gobernar. La verdadera libertad no llega solo con la caída del
opresor, sino con la restauración de la obediencia a Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración
entregando tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y
limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y
te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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