UN MOMENTO CON DIOS
Todo trabajo es importante
para Dios
1 Crónicas 26
A menudo, cuando pensamos en el servicio a Dios, nuestra mente se dirige automáticamente a los grandes escenarios, el predicador frente a la multitud, el músico dirigiendo la alabanza o el profeta entregando un mensaje impactante. Sin embargo, 1 Crónicas 26 nos detiene para observar un oficio que podría parecer menor, pero que para Dios es fundamental: los porteros.
En el Templo, los porteros no
eran simples recepcionistas; eran guardias de seguridad espiritual. Su función
principal era vigilar las entradas las 24 horas del día para asegurar que nada
impuro entrara en la presencia de Dios. Eran los custodios de la santidad del
hogar de Jehová.
En nuestra vida diaria,
nosotros somos el templo del Espíritu Santo. Este capítulo nos desafía a
preguntarnos: ¿Quién es el portero de mis sentidos? Debemos ejercer una
vigilancia activa sobre lo que permitimos entrar en nuestra mente y corazón a
través de los ojos y los oídos, protegiendo la paz y la pureza que Dios ha
depositado en nosotros.
El texto describe a estos
hombres como "hombres valientes" y "capaces para el
servicio" (v. 6-8). Esto nos enseña que ninguna tarea en el reino de Dios
es insignificante. Para abrir una puerta o cuidar un umbral se requería la
misma integridad y valor que para ofrecer un sacrificio.
Dios no mide la importancia de
nuestro servicio por la visibilidad del mismo, sino por la fidelidad con la que
lo ejecutamos. El portero que se mantiene firme en su puesto bajo el sol o el
frío es tan vital para el funcionamiento del Templo como el Sumo Sacerdote.
Un detalle hermoso en este
capítulo es la mención de Obed-edom. Dios lo bendijo a él y a su numerosa
descendencia (v. 4-5) debido a que años atrás había cuidado el Arca en su casa.
Ahora, sus hijos sirven como porteros. La fidelidad de un padre en lo privado
abre puertas de servicio para las generaciones futuras en lo público.
Quizás nos sentimos en un
"umbral", en una posición donde nadie parece notar nuestro esfuerzo.
Recordemos las palabras del Salmo 84. 10: "Escogería antes estar a la
puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad".
Ser portero es un privilegio
porque implica estar cerca de la presencia de Dios y servir para que otros
puedan encontrarse con Él en orden y paz. Nuestra fidelidad en lo pequeño es lo
que sostiene las grandes obras de Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando
tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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