lunes, 11 de mayo de 2026

Un momento... Todo trabajo es importante para Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Todo trabajo es importante para Dios

 1 Crónicas 26

 

A menudo, cuando pensamos en el servicio a Dios, nuestra mente se dirige automáticamente a los grandes escenarios, el predicador frente a la multitud, el músico dirigiendo la alabanza o el profeta entregando un mensaje impactante. Sin embargo, 1 Crónicas 26 nos detiene para observar un oficio que podría parecer menor, pero que para Dios es fundamental: los porteros.

En el Templo, los porteros no eran simples recepcionistas; eran guardias de seguridad espiritual. Su función principal era vigilar las entradas las 24 horas del día para asegurar que nada impuro entrara en la presencia de Dios. Eran los custodios de la santidad del hogar de Jehová.

En nuestra vida diaria, nosotros somos el templo del Espíritu Santo. Este capítulo nos desafía a preguntarnos: ¿Quién es el portero de mis sentidos? Debemos ejercer una vigilancia activa sobre lo que permitimos entrar en nuestra mente y corazón a través de los ojos y los oídos, protegiendo la paz y la pureza que Dios ha depositado en nosotros.

El texto describe a estos hombres como "hombres valientes" y "capaces para el servicio" (v. 6-8). Esto nos enseña que ninguna tarea en el reino de Dios es insignificante. Para abrir una puerta o cuidar un umbral se requería la misma integridad y valor que para ofrecer un sacrificio.

Dios no mide la importancia de nuestro servicio por la visibilidad del mismo, sino por la fidelidad con la que lo ejecutamos. El portero que se mantiene firme en su puesto bajo el sol o el frío es tan vital para el funcionamiento del Templo como el Sumo Sacerdote.

Un detalle hermoso en este capítulo es la mención de Obed-edom. Dios lo bendijo a él y a su numerosa descendencia (v. 4-5) debido a que años atrás había cuidado el Arca en su casa. Ahora, sus hijos sirven como porteros. La fidelidad de un padre en lo privado abre puertas de servicio para las generaciones futuras en lo público.

Quizás nos sentimos en un "umbral", en una posición donde nadie parece notar nuestro esfuerzo. Recordemos las palabras del Salmo 84. 10: "Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad".

Ser portero es un privilegio porque implica estar cerca de la presencia de Dios y servir para que otros puedan encontrarse con Él en orden y paz. Nuestra fidelidad en lo pequeño es lo que sostiene las grandes obras de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

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