UN MOMENTO CON DIOS
La Trampa del "Yo"
frente al "Nosotros"
2 Crónicas 1. 7 - 12
En 2 Crónicas 1, nos encontramos con un joven Salomón que acaba de heredar un reino vasto y una responsabilidad monumental. Dios se le aparece en sueños con una oferta que pondría a prueba el carácter de cualquiera: "Pídeme lo que quieras que yo te dé".
La mayoría de nosotros, ante
un cheque en blanco celestial, tendríamos una lista inmediata: salud, seguridad
financiera, éxito personal o la resolución de conflictos que nos quitan el
sueño. Sin embargo, la respuesta de Salomón revela una madurez espiritual
asombrosa. Él no pidió la vida de sus enemigos ni riquezas para su propio
deleite; pidió sabiduría y ciencia.
"Dame ahora sabiduría y
ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar
a este tu pueblo tan grande?" (2 Crónicas 1.10)
Salomón comenzó recordando la
misericordia de Dios hacia su padre David. Entendía que no estaba en el trono
por mérito propio, sino por gracia. La verdadera sabiduría comienza cuando
admitimos que lo que tenemos por delante es más grande que nuestras
capacidades.
El pedido de Salomón fue
intercesor. No pidió sabiduría para ser el hombre más inteligente de la
historia por ego, sino para servir mejor al pueblo de Dios. Cuando nuestras
oraciones se alinean con el bienestar de otros y la gloria de Dios, capturan la
atención del Cielo.
Dios se agradó tanto de la
falta de egoísmo de Salomón que le concedió lo que no pidió. Al buscar primero
el Reino (representado aquí en el servicio sabio), las riquezas y la honra
vinieron por añadidura.
A menudo nos sentimos
abrumados por las decisiones del día a día, la crianza de los hijos, el trabajo
o el liderazgo en la iglesia. El ejemplo de Salomón nos invita a cambiar
nuestra oración. En lugar de pedir que Dios quite los problemas, pidamos la
capacidad divina para navegarlos.
Si hoy Dios nos dijera
"Pídeme lo que quieras", ¿nuestra petición revelaría un deseo de
comodidad personal o un deseo de ser una herramienta más útil en Sus manos?
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando
tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario