UN MOMENTO CON DIOS
Nuestro testimonio
ante el mundo
2 Crónicas 9
En 2 Crónicas 9, se nos relata una de las visitas diplomáticas más famosas de la historia, el viaje de la Reina de Sabá hacia Jerusalén. Motivada por la fama de Salomón, ella no se conformó con rumores. Emprendió un viaje largo y costoso con un solo propósito: comprobar la verdad por sí misma.
La Reina de Sabá llegó con
"preguntas difíciles". Ella no buscaba una charla superficial;
buscaba respuestas para los enigmas más profundos de su corazón. El texto nos
dice que Salomón le respondió a todo, y que, al ver la sabiduría del rey, la
suntuosidad de su casa y el orden de su servicio, ella quedó "sin
aliento".
"Verdad es lo que había
oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; pero yo no creía las palabras
de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto" (2 Crónicas 9. 5 - 6)
Muchas veces nos conformamos
con lo que otros dicen de Dios. La Reina de Sabá nos enseña que el Señor se
deja hallar por aquellos que lo buscan con diligencia. Ella invirtió tiempo,
recursos y esfuerzo para acercarse a la fuente de la sabiduría. Nuestra fe
crece cuando pasamos de la "fe de oídas" a la "fe de
experiencia".
Lo que más impactó a la reina
no fue solo el oro, sino el orden y la felicidad de los siervos de Salomón.
Nuestra relación con Dios debe ser visible en nuestra excelencia y en el trato
hacia los demás. Si decimos tener la sabiduría de lo alto, nuestro entorno
debería reflejar la paz y el orden del Reino de Dios.
La reina concluyó su visita
bendiciendo a Jehová. Ella reconoció que la grandeza de Salomón no era un logro
humano, sino un regalo divino por el amor que Dios tenía hacia Israel.
En los Evangelios, Jesús
menciona este evento diciendo: "La reina del Sur... vino de los fines de
la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este
lugar" (Mateo 12. 42)
Hoy, no tenemos que viajar por
el desierto para encontrar respuestas. Tenemos acceso directo a Cristo, en
quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría. La pregunta es:
¿Estamos dispuestos a presentarle nuestras "preguntas difíciles" y a
rendir nuestros tesoros ante Él?
Dios les bendiga
abundantemente.
Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando
tu vida a Dios has esta oración:
Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi
corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que
me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

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