viernes, 29 de mayo de 2026

Un momento... Compromiso con Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Compromiso con Dios

 

Nehemías 10. 28 - 38

 

El verdadero avivamiento siempre se traduce en compromisos concretos. El pueblo no prometió vagamente "ser mejor", sino que identificó las áreas específicas donde habían estado fallando y establecieron límites claros.

En sus promesas encontramos tres pilares que hoy también desafían nuestra devoción:

La pureza familiar y relacional (v. 30): Prometieron no ceder ante las alianzas matrimoniales con los pueblos paganos de alrededor. Esto no era un asunto de discriminación, sino de protección espiritual. Nos recuerda que debemos cuidar nuestro corazón y nuestras relaciones más íntimas, asegurándonos de que quienes están a nuestro lado nos acerquen a Dios en lugar de alejarnos de Él.

La prioridad del descanso y la fe (v. 31): Se comprometieron a respetar el día de reposo y el año sabático. En un mundo comercial y competitivo, detenerse un día entero requería una fe enorme; significaba declarar: "Mi provisión no depende de mí activismo, sino de la fidelidad de mi Dios".

¿Le estamos dando hoy a Dios el control de nuestro tiempo y agendas?

El sostenimiento de la casa de Dios (v. 32-39): La frase que resume el final del capítulo es contundente: "No abandonaremos la casa de nuestro Dios". Decidieron traer las primicias, los diezmos y las ofrendas. Entendieron que adorar a Dios implica honrarlo con nuestros recursos materiales, sosteniendo Su obra y priorizando Su reino.

Hacer promesas a Dios es algo serio, pero cumplirlas requiere depender diariamente de Su gracia. Nehemías 10 nos desafía a pasar de las buenas intenciones a las decisiones medibles. La madurez espiritual se demuestra cuando la emoción de un momento de oración se convierte en la disciplina de una vida obediente.

Dios les bendiga abundantemente.

 

Si estás alejado o si nunca antes hiciste una oración entregando tu vida a Dios has esta oración:

 

Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Perdóname y limpia mi corazón. Te entrego mi vida hoy; te recibo como mi único Salvador y te pido que me guíes y habites en mí por siempre. Amén.

 

 

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